14-04-08

Las mejores bandas sonoras originales del 2007

Aunque un poco tarde, aquí llega mi repaso a lo que ha dado de sí el año 2007 en el mundo de las bandas sonoras originales. Como en las ocasiones anteriores, expongo mis opiniones sobre las partituras que considero más relevantes de la temporada, sea por su calidad, importancia o incluso polémica, y por supuesto hablo no muy bien de las incomprensibles decisiones que se toman una y otra vez en los premios más importantes, los Oscar y los Globos de Oro.

A mi modo de ver, la ausencia de los compositores más populares en Hollywood se ha notado y los críticos de la Academia no han sabido muy bien qué hacer con las nominaciones. En esta temporada atípica había que indagar en películas menos conocidas para encontrar algunas pequeñas joyas, y como es de suponer no podían arriesgarse a nominar una obra completamente desconocida porque descolocarían a medios y público, y ya sabemos que son premios cuya objetividad está eclipsada casi por completo por la fuerza con que se agarran a la popularidad. Así pues, hemos tenido más o menos lo de siempre, desde bandas sonoras nominadas porque la película también lo está, como en el caso de la insulsa Michael Clayton de James Newton Howard (vergüenza debería darles poner ésta por encima de I Am Legend, muy bien tratada –quizá en exceso- por el resto de la crítica), a otras que llegan muy alto por su popularidad pero no merecen tanto revuelo (Rataotuille no es una gran composición, por más que la gente se empeñe en decirlo). Por cierto, nadie habla este año de Alberto Iglesias, porque ha pasado la moda (los críticos de los Oscar son así de lentos) y sobre todo porque ha quedado empequeñecido por el español del año, Javier Bardem. Su aportación, tan profesional como siempre, no es extraordinaria y bajo mi criterio su presencia en los Oscar es tan exagerada como la Newton Howard o Giacchino.

La elección final, la que se alzaría con el Oscar, no podía estar más cantada, porque por muy buena que fuera 3:10 to Yuma (Marco Beltrami), Expiación era la película del año para todos los medios, y aunque sorprendieran dándole los premios de director y película a No es país para viejos, esta no tenía música y quedaban dos opciones: el oscar de apoyo o el Oscar más claro, y se dio el caso de que coincidían, porque al quedarse Expiación sin premios gordos era evidente que le iban a dar otros de consolación. Así pues, el ya imprescindible Dario Marianelli se alzó con un premio bastante meritorio (yo se lo hubiera dado a Beltrami, no claramente superior pero sí más interesante y original) pero algo (no tanto como otros años) injusto, porque, ¿dónde demonios se dejaron la maravillosa Eastern Promises (Howard Shore) y otras del calibre de Zodiac (David Shire) o la desconocida Angel de (Philippe Rombi)?

En lo que respecta a los Globos de Oro el tema ha estado más extraño de lo habitual. Sorprende la inclusión de Clint Eastwood, que momentáneamente ha dejado de realizar aburridas bandas sonoras para sí mismo y ha compuesto una obra bastante madura que merece una oportunidad, aunque incluirla en las nominaciones por encima de tantas obras de mayor calidad es excesivo. Otra elección asombrosa es la de Michael Brook, quien se encargó de la sección de canciones de Into the Wild. Su labor podrá ser buena o mala (sin haberla escuchado a fondo, tiene buena pinta), pero es una nominación que nadie esperaba, salida de la nada. Como era de esperar, a la hora de entregar el galardón también se volcaron con la película que más repercusión tuvo, Expiación, dejando a Howard Shore sin un más que merecido galardón, aunque al menos estuvo nominado.

Entrando ya en mi lista personal de lo más destacable del año, en un principio esta temporada no me pareció nada espectacular, pero dejando reposar las obras más llamativas e indagando con un poco de paciencia y buena vista he de decir que mi opinión se ha vuelto mucho más favorable. Tenemos mucha variedad en estilos, compositores de gran calidad pero de fama menor, otros que poco a poco van demostrando que valen mucho y alguna nueva promesa. El veterano Howard Shore, músico que no ha sido famoso hasta El Señor de los Anillos, nos deleita con Eastern Promises. Nos llega Medal of Honor: Airborne de la mano de Michael Giacchino, siendo otra espléndida aportación al mundo de los videojuegos. Marco Beltrami ofrece la espectacular 3:10 to Yuma, su primera obra con gran repercusión. Philippe Rombi, autor que parece seguir los pasos de Alexandre Desplat, se da a conocer con la clasicista Angel. El desconocido David Shire nos trae la tenebrosa Zodiac. En el mundo de la televisión encontramos Doctor Who: Series 3, excelente partitura de Murray Gold. Y el ya consagrado Dario Marianelli nos regala Atonement, si bien me parece que ha sido sobrevalorada en exceso, quiza por culpa de la popularidad de la película.

¿La mejor del año? Tendría que elegir entre Eastern Promises de Howard Shore y 3:10 to Yuma de Marco Beltrami, y me decantaría por la primera, aunque las dos son magníficas y se complementan muy bien. Una es una muestra perfecta de cómo hacer una banda sonora de acción que no cae en el ruido y los rellenos electrónicos, sino que es sumamente expresiva y rebosa de temas espléndidos, además de ser una fantástica aproximación a un género muy gastado, el western, y la otra es un ejemplo modélico de lo que debe ser una composición puesta a las órdenes de las imágenes, una partitura sublime tanto como apoyo en el retrato de los protagonistas como en la propia escenificación. En el tercer puesto, a modo de homenaje, incluyo Medal of Honor: Airborne, de Michael Giacchino. Es un videojuego sí, pero sigue siendo una banda sonora original, que es de lo que va esto. Y es exquisita.

En el lado malo, dos trabajos que han resultado sorprendentemente interesantes por estilo y calidad misteriosa y desgraciadamente no han sido editados aún en disco: Sunshine, de John Murphy, y la impresionante Spider-Man 3 de Christopher Young. Se esperan con impaciencia.

Por cierto, cabe destacar un campo que en los últimos tiempos se está volviendo más que interesante: las reediciones. En esta ocasión hay piezas que se pueden considerar más jugosas que muchas de las nuevas composiciones, como las grabaciones completas de The Return of the King (El retorno del Rey, Howard Shore, 2003), y las excelentes reediciones y ediciones ampliadas de Mysterious Island (Bernard Herrmann, 1984), The Wind and the Lion (El viento y el león, Jerry Goldsmith, 1975), Around the World in 80 Days (La vuelta al mundo en 80 días, Victor Young, 1956) y Alien (Jerry Goldsmith, 1979).

El 2008 no puede presentarse mejor: James Horner vuelve a lo grande con la magnífica The Spiderwick Chronicles, machacada injustamente por sus detractores (como es habitual) a pesar de estar al nivel de sus mejores obras, y pronto tendremos el regreso Indiana Jones con el excelentísimo John Williams. Y es sólo el comienzo, porque luego llegará Star Trek XI de Giacchino, Hellboy II de Elfman (lástima que no siga Beltrami, pero bueno), The Happening (la última de Shyamalan, de nuevo con Newton Howard)…

Y eso es todo hasta la recapitulación del próximo año, queridos lectores.

27-05-07

Eaters of the Dead, The 13th Warrior, la música de El guerrero nº 13

Si en su momento hablé de la notable repercusión que causó la sustitución de Gabriel Yared por James Horner en la elaboración de la banda sonora original de Troya (Wolfgang Petersen, 2004), casi sin duda el caso que más ha dado que hablar de los muchos conocidos y no tan conocidos que ocurren con más frecuencia de la que cabe imaginar en Hollywood, ahora voy a hablar de otro suceso semejante que quizá no habría tenido tanta importancia si no fuera porque el reemplazo del primer autor seleccionado no fue lo único que sufrió El guerrero nº 13, pues la película pasó por varios montajes tras la sorprendente destitución de su director.

Graeme Revell, un músico eficaz aunque no muy conocido, cuyas obras más destacables podrían ser El cuervo, Pitch Black y Planeta Rojo, entre otras, fue el compositor desplazado. Parece ser que, sabiendo que es algo que ocurre con frecuencia, se lo tomó con resignación, al contrario que Yared, quien sufrió mucho (claro que su esfuerzo y resultado fue histórico, y él lo sabía). La partitura final recayó en Jerry Goldsmith, quien confeccionó una música casi sublime, la última gran obra con la que nos deleitó antes de fenecer unos años después. Dicha composición se diferencia bastante en estilo y no me cabe duda de que supera a la de Revell, pero sin embargo hay que decir que la partitura que fue echada para atrás es de gran nivel (para muchos, lo mejor del autor), y siempre nos quedará la duda de cómo de bien podría haber funcionado con las imágenes… y más importante aún, cómo habría funcionado en el montaje que John McTiernan tenía confeccionado antes de que el productor Michael Crichton metiera mano.

Fue en el verano de 1996 cuando John McTiernan (Jungla de cristal, Depredador) se interesó en el proyecto de Eaters of the Dead (Devoradores de cadáveres, estrenada finalmente como The 13th Warrior, El guerrero nº 13), adaptación de la novela de mismo nombre de Michael Crichton (Parque Jurásico, Esfera), un autor de best-sellers que también está muy metido en el mundo del cine como escritor y productor (Parque Jurásico, Twister, Congo…).

McTiernan, quien recientemente estuvo en juicios por mentir al FBI, aunque parece que tras declararse culpable se ha librado de la cárcel y tiene actualmente nuevos proyectos en marcha, encontró financiación en Touchstone, perteneciente a Disney, en el segundo trimestre de 1997. Es en el verano de este mismo año cuando comienza el rodaje en exteriores de Vancouver, Canadá, lugar bastante empleado en cine y televisión porque ofrece una reducción considerable de presupuesto comparado con lo que les costaría la realización dentro de su propio país. Prolongándose hasta el otoño, fue un rodaje sin incidentes remarcables.

Siendo la post-producción el momento en que el compositor debe empezar a trabajar sobre los primeros montajes de la película, McTiernan pidió a Basil Poledouris que se encargara de la banda sonora. A pesar de que el director tenía muy en mente la mítica Conan el Bárbaro, con sus sonoridades heroicas tan características, Poledouris rechazó la oferta y el trabajo recayó en Graeme Revell. Mientras tanto, la película se monta con los consabidos temps-tracks, temas temporales de orígenes dispares empleados para ir viendo cómo funcionan las escenas y qué tipo de música resulta más adecuada. Fueron utilizados temas de Braveheart, La misión, Waterworld

Los primeros pases de prueba no son recibidos con entusiasmo. El estreno de Eaters of the Dead se retrasa unos meses y se cambia el confuso título a The 13th Warrior. Antes del verano de 1998, a pesar de que McTiernan sigue montando la película y la música de Revell se está grabando, Michael Crichton, principal productor, lo destituye en las labores de dirección argumentando que se ha apartado de la historia original. Unas fuentes indicaron que la película podría ser muy floja, otras que era tan buena que querían redondearla, pero fuera como fuera, seguramente por encima de todo se quería aprovechar el creciente éxito de Antonio Banderas (de moda ante el inminente estreno de La máscara del Zorro) para lanzarla como una producción taquillera bajo el tirón del nombre de una estrella. Y lo cierto es que vista la versión estrenada es evidente que se realzó la presencia de Banderas a costa de reducir la importancia del resto de los interesantísimos caracteres.

La llegada de Michael Crichton fue contundente: prescindió de Graeme Revell en un abrir y cerrar de ojos y consiguió traerse a Jerry Goldsmith, músico que rondaba los setenta años pero manteniéndose en plena forma. Si la partitura de Revell buscaba un acercamiento a la cultura árabe y un toque étnico para adaptarse a la época del relato, Crichton quería el modelo de acción heroica de Goldsmith, más clásico y típico pero de comprobada eficacia. Lo que ofreció Goldsmith fue eso mismo pero con una calidad extraordinaria, una música de sonoridades espectaculares que se unía con suma eficacia a las imágenes. Por lo tanto, no fue una sustitución que merezca ser tildada de injusta, excepto si tenemos en cuenta que ocurrió porque un productor megalómano rehizo la película a su gusto. Cabe citar que los pósters y trailers llevaron el nombre de Graeme Revell durante mucho tiempo.

Tras varios montajes que no terminaban de funcionar en los pases de prueba y presentaciones  varias y un presupuesto disparado por el rodaje de nuevas escenas (hay quien lo cita por encima de los cien e incluso ciento cincuenta millones), el consecuente retraso nos lleva hasta el verano de 1999, nada más y nada menos que más de un año después del reemplazo del director original y casi coincidiendo con la llegada de El secreto de Tomas Crown, dirigida por el propio John McTiernan. Es en agosto cuando El guerrero nº 13 se estrena por fin, para a continuación ir llegando con demasiada lentitud al resto de países (en España, en octubre). El viaje por la taquilla fue poco vistoso, con unos míseros treinta millones en EE.UU. y lo mismo en el extranjero, con lo que se quedaba hacia la mitad de una inversión que había superado en exceso la inicialmente prevista. Tampoco ha disfrutado de una buena distribución en DVD, siendo prácticamente imposible de encontrar hoy día en nuestro país. A pesar de que se ha ganado cierto estatus de culto (no tanto como Conan el bárbaro, que por cierto me parece muy inferior) y se ha emitido en numerosas ocasiones en televisión en abierto, sigue siendo una película de la que pocos hablan.

Viendo el resultado final de El guerrero nº 13 y conociendo cómo funciona la industria de Hollywood, no sin ciertas dudas me inclino por la opción de que remodelaron un producto personal de calidad para obtener algo más comercial. Pero a pesar de que el éxito fue moderado (o considerablemente infructuoso si atendemos a lo que costó) y tuvo críticas muy flojas sobre todo en EE.UU., considero que es una excepcional cinta de aventuras de las que no se veían desde hace décadas, primando la historia, el sentido de la aventura y el entretenimiento y la realización (exquisita dirección y fotografía, personajes carismáticos…) sobre la artificialidad de los actuales productos comerciales sostenidos por efectos especiales (la trilogía de Piratas del caribe, el mejor ejemplo). Parece ser que nunca sabremos si McTiernan tenía entre manos algo de aún mayor envergadura y lo estrenado no fue más que una cinta remodelada para dar más protagonismo a Antonio Banderas, aunque ésta resultara de gran calidad, pues el propio director ve imposible que su montaje vea la luz alguna vez.

Con la banda sonora creada por Graeme Revell hemos tenido al menos algo más de suerte, pues al igual que ocurrió con la de Gabriel Yared ésta no tardó en filtrarse a Internet y se puede hallar sin mucha dificultad. Sin embargo, como ocurre en el caso citado la edición no es definitiva, tanto porque quizá la composición final hubiera cambiado un poco como porque la grabación no está bien pulida. Además, quien la filtrara no tuvo la delicadeza de mantener la calidad del formato original, convirtiéndola al dichoso mp3 con la consecuente casi desastrosa mutilación en la calidad del sonido. Pero menos es nada, y poder escucharla es suficiente para los fans de las bandas sonoras de cine.


Grame Revell nació en 1955 en Aukland (Nueva Zelanda). Suyas son obras como Pitch Black, El Santo, Planeta Rojo, El cuervo
Su web oficial es: web http://www.graemerevell.com


Jerry Goldmisth nació en 1929 en Los Ángeles, y falleció allí en 2004. A él le debemos míticas obras como Desafío total, Star Trek la película, Alien, La profecía
Su web oficial es: no existe o no la he encontrado.

Agradezco la inestimable ayuda del sitio web http://eaters.ifrance.com, sin cuya recopilación de entrevistas y fechas no habría podido realizar una artículo tan minucioso.

03-03-07

Los Oscar y las bandas sonoras originales del 2006

La comunidad de fans de bandas sonoras originales se muestra tan sorprendida como indignada ante el nuevo y vergonzoso fiasco llevado a cabo en la entrega de los Oscar de la Academia. Como sucedió el año pasado, la estatuilla de mejor composición original fue entregada a una partitura que de ninguna manera merecía tan siquiera estar nominada. Mientras Gustavo Santaolalla se llevaba así su segundo premio de rebote, pues es evidente que fue entregado para darle algo a Babel, uno de los grandes de la historia, Ennio Morricone, recibía el premio honorífico como consolación a una carrera magistral e inolvidable pero totalmente ninguneada por la Academia a lo largo de los años. Con este anacronismo se pone de manifiesto de nuevo, y esta vez más claramente, que esta vilipendiada categoría es utilizada como premios de despojo o complemento, y casi nunca como algo merecido por la calidad de la composición.

El problema y la sorpresa van en aumento cuando se observa que otros premios de gran repercusión también se empeñan en reconocer la nada destacable labor de Santaolalla, como los BAFTA o los Globos de Oro. ¿Cómo se ha perdido tanto el sentido común a la hora de hablar de música de cine?

En cuanto a las películas, ha pasado como el año pasado. Parecía que no iba a haber objetividad, pero finalmente ha ganado la gran película del año, Infiltrados. Eso sí, tremenda la injusticia de dejar fuera de todo premio importante a la otra joya de la temporada, Hijos de los hombres de Alfonso Cuarón, a quien le habría entregado sin dudar la estatuilla de mejor director, por más que Scorsesse llevara años y años sin conseguirlo. Pero claro, la etiqueta de Ciencia-Ficción es satánica para el conservadurismo patético de los académicos.

Volviendo a la música, dejando a un lado este despropósito habitual que no merece más comentarios, estamos ante un año ligeramente flojo. Hay composiciones muy buenas, sí, pero ninguna extraordinaria o merecedora de un claro sobresaliente, y su número es más bien escaso cuando este género acostumbra a ofrecer varios discos sublimes al año (el año pasado fue prolífico en genialidades, por ejemplo). La ausencia de John Williams, quien en esta temporada se ha alejado del cine, ha dejado un vacío notable, y su retorno el próximo año con Indiana Jones, el proyecto de Lincoln y otras es muy esperado.

Entre las grandes obras que se deben citar despuntan dos de los autores más frescos y dinámicos del momento, el ya consolidado James Newton Howard, quien volvió a deleitarnos con una nueva partitura para el gran Shyamalan y mostró su solvencia en la completísima Blood Diamond (Diamante de sangre), y un eficaz Alexandre Desplat, quien destacaría como compositor revelación gracias a dos trabajos notables, The Painted Veil (El velo pintado) y The Queen (La reina), de las que cabe decir que ambas han estado entre las favoritas en muchas entregas de premios. Y no me olvido de citar a un sorprendente Thomas Newman, quien por fin ha salido de su estancamiento narrativo para crear una música que ha llenado de alegría los oídos de los amantes del cine clásico, pues The Good German (El buen alemán) es una partitura que toma todo lo bueno de viejas glorias como Bernard Herrman o Alfred Newman.

La mejor composición del año tendría que elegirla entre Lady in the Water (La joven del agua) y El Laberinto del Fauno, inclinándome casi sin dudas por la segunda por la excelente complejidad y desbordante belleza de la obra de Javier Navarrete.

Presento la lista de las composiciones más importantes del 2006, las que pienso que se recordarán o deben ser recordadas como las grandes de la temporada, tanto por su calidad como por su repercusión:

-Babel, de Gustavo Santaolalla (ganadora del Oscar).
De nuevo Santaolalla se cuela en los Oscar por la importancia de la película. Su música funciona mejor que en Brockeback Mountain, pero son cuatro temas repetitivos de relleno, nada de música muy elaborada, entre una amplia selección de música de otros autores (o de sí mismo, como el tema Iguazú). Ha ganado el Oscar, por ridículo que sea.

-The Good German, de Thomas Newman (El buen alemán, nominada).
De las nominadas, la menos llamativa a primera vista, pero un disco muy interesante por su fantástico clasicismo, expuesto con pulso firme por Newman.

-El Laberinto del Fauno, de Javier Navarrete (nominada).
Javier Navarrete entra por la puerta grande en Hollywood gracias a su magnífica composición, para mí la mejor del año.

-Notes on a Scandal, de Philip Glass (Diario de un escándalo, nominada).
Philip Glass sigue gustando a pesar de que no aporta nada nuevo desde sus primeras obras. Aunque aquí huye algo de su tediosa repetitividad, no es una obra destacable.

-The Queen, de Alexandre Desplat (La reina, nominada).
Preciosa composición de Desplat, destaca sobre todo por su originalidad. Un autor que apunta muy alto.

-The Painted Veil, de Alexandre Desplat (El velo pintado).
El segundo gran disco de Desplat, donde muestra solvencia para moverse entre registros y gran inspiración y delicadeza.

-Lady in Water, de James Newton Howard (La joven del agua).
Otra colaboración entre Newton Howard y Shyamalan, esta vez con una película no del todo redonda pero con una BSO de nuevo magnífica.

-The Nativity Story, de Mychael Danna (Natividad). Me ha sorprendido ver este músico al que tanta estima tengo citado en foros y webs como autor de uno de los grandes discos del año.

-The Da Vinci Code, de Hanz Zimmer (El código Da Vinci).
Con una partitura muy eficaz y bastante original, Zimmer se alza como lo único bueno de la comercial adaptación del comercial libro de Dan Brown.

-Blood Diamond, de James Newton Howard (Diamante de sangre).
Impresionante mezcla de estilos y ritmos tribales africanos, otra muestra de las grandes habilidades de Newton Howard, compositor que va camino de ser el sustituto de John Williams como “el grande entre los grandes”.

-All the King’s Men, de James Horner (Todos los hombres del rey).
El disco de Horner del año, que pese a no resultar ninguna maravilla, como siempre da mucho que hablar.

08-02-07

Mike Oldfield

Con el polifacético Mike Oldfield fui iniciándome en la adolescencia en mi afición por la música. Es pues, prácticamente imprescindible dedicarle un monográfico y comentar sus discos. Pero como es un artista archiconocido y es muy fácil conocer al detalle su historia por muchas publicaciones dedicadas a su persona (recomiendo la wikioldfield y un libro excelente, aunque algo anticuado ya -Mike Oldfield, de José Cantos. Ed. Cátedra 1996-, así como el blog en castellano A Man and His Music) no me extenderé hablando en profundidad sobre su vida (no creo que sea importante mencionar el número de esposas e hijos que ha tenido) y los detalles sobre la creación de sus distintas obras. Más que nada daré información clave y opiniones personales sobre sus trabajos y cualidades.

Mike Oldfield nació en 1953 en Reading, Inglaterra. Inspirado por su padre, que solía cantar con su guitarra, y por grupos del momento, su afición por la música le llegó en la más tierna infancia. Sus hermanos Terry y Sally también se dedicaron a la música (él flautista, ella tiene una larga carrera en el folk), pero son artistas muy desconocidos. A los trece años fundó con su hermana Sally el grupo folk Sallyangie, de corta vida. En la adolescencia fue puliendo su asombrosa capacidad de tocar la guitarra realizando constantes conciertos en bares donde interpretaba temas de otros grupos. Entre colaboraciones con Kevin Ayers, David Bedford y otros músicos fue aprendiendo a tocar gran cantidad de instrumentos, demostrando una habilidad innata de aprendizaje impresionante. Gracias a estos amigos del mundo de la música tuvo acceso al famoso estudio Abbey Road, donde encontró multitud de instrumentos y fue adquiriendo más conocimientos en el arte de la producción. Y siguió experimentando y experimentando, dando formas a sus ideas, acercándose al Tubular Bells

A principios de los años setenta realizó una maqueta de lo que sería su primer disco, pero la extraña composición que hizo no fue recibida con agrado por ninguna discográfica: una especie de sinfonía de rock de cincuenta minutos dividida en dos cortes. Le dijeron que no tenía ninguna posibilidad de venderse. Como suele ocurrir, los empresarios sólo buscan dinero y no ven la calidad, sólo lo comercial, es decir, el esquema conocido. Cuando alguien innova y se arriesga no son capaces de ver una obra con potencial o una posible joya musical.

Mike hizo nuevos amigos importantísimos en su vida, como Richard Branson, Tom Newman y Simon Heyworth (estos dos últimos son ingenieros de sonido), que le ofrecieron la posibilidad de emplear un estudio grabación. En él fue construyendo su primer álbum, en el que interpretó casi la totalidad del altísimo número de instrumentos exceptuando unos pocos (voces, percusiones y flautas). Debido a la complejidad de la obra se necesitó muchísimo el talento de Newman y Heyworth en las mesas de grabación y la facilidad de aprendizaje de Oldfield tanto a los instrumentos como en las labores de producción. Es imprescindible decir que, a parte de llegar a ser uno de los mejores guitarristas de la historia y un músico inspiradísimo en gran parte de su carrera, Oldfield es también uno de los mejores productores del mundo. Sus trabajos siempre han estado dotados de una calidad de sonido excelente, y ha llegado a realizar producciones de un nivel técnico y una calidad de sonido vez más alucinantes. En cambio sus video clips, en la mayoría de los casos realizados por él, son lamentables.

Tuvo suerte con Richard Branson, quien acababa de fundar por su cuenta una discográfica a la que llamó Virgin. Éste aceptó editar la extraña obra que había creado el joven músico, y así, Tubular Bells apareció el 25 de mayo de 1973. Y sonó la campana. Y empezó a vender y a vender. Llegó al número uno en toda Europa en ese mismo año, y en otros ocho vendió diez millones de copias. Gracias a él Virgin es hoy día una de las empresas más grandes y poderosas del mundo y una de las principales discográficas. Y Mike Oldfield, con 20 años, reinventó la música. Para muchos, Tubular Bells es el disco más importante y revolucionario de la música contemporánea.

Como suele ocurrir cuando sale algo mínimamente innovador, la gente se vuelve loca intentando anclar el disco en una clasificación en concreto, como si la música tuviera que ser obligatoriamente etiquetada. Para definir estilos musicales y no confundirse está bien, pero no hay que llevarlo al extremo, pues muchos discos son inclasificables. Erróneamente algunos consideran a Mike Oldfield el inventor de las Nuevas músicas, cuando dista muchísimo de semejante definición. Quizá la mejor definición para su primera etapa sea rock sinfónico, pero también pop/rock o música contemporánea.

Tubular Bells fue un éxito impresionante, manteniéndose en la primera posición de las ventas hasta que llegó el siguiente álbum. El director de cine William Friedkin incluyó un extracto en la película de terror de culto El exorcista; era el inicio a piano tan maravilloso e inolvidable, y contribuyó aún más para el éxito y la fama del disco.

Ante tal apabullante recibimiento, Mike, muy tímido, se recluyó en su nueva casa. Allí compuso en 1974 Hergest Ridge (el nombre de una colina cercana), muy en la línea de Tubular Bells. En él llevó al extremo su afán por utilizar un elevado número de instrumentos: en su clímax se oyen treinta guitarras al unísono, dobladas para hacer sesenta, más otro número altísimo de bajos. Su primera parte, con unos solos de guitarras, oboes y trompetas preciosos, quizá sea la mejor composición que ha realizado.

Por alguna razón que no llego a comprender se realizaron versiones orquestales de estos dos discos en 1975. Son soporíferos, con una orquestación y una calidad de grabación bastante pobres. Sólo se editó el Orchestal Tubular Bells, pero el Orchestal Hergest Ridge puede hallarse en las redes de intercambio de archivos.

Ommadawn fue el siguiente, también en 1975 y de nuevo manteniéndose fiel a esta especie de rock sinfónico. Paddy Moloney (del mítico grupo celta The Chieftains) colaboró con solos de gaita, y Mike Oldfield, además de crear el que para mí es su mejor solo de guitarra (en la Parte 2), incluyó también una peculiar y bonita canción, del estilo de la época (un aire hippie), al final del disco. Para gran número de seguidores, éste es su mejor disco.

Para llenar un descanso de dos años Virgin editó un recopilatorio llamado Boxed, que incluía los tres anteriores discos más algunos temas cortos que Mike había compuesto de vez en cuando.

Incantations llegó en 1978, un álbum larguísimo dividido en cuatro movimientos, donde el sonido se volvía más alegre, menos intenso (disminuyó la instrumentación). El abundante uso de xilófonos y coros es excelente, y tiene grandes momentos. Es el último de su primera etapa, el último de los grandes (si descontamos la excepción que supuso Amarok).

El siguiente álbum, Platinum (1979), marcó un cambio de estilo bastante notable. Si bien el primer tema era uno largo dividido en cuatro de duración estándar (o sea, cortes de cuatro-cinco minutos), el estilo dejó de ser tan sinfónico y se volvió más más hacia el pop/rock de aspecto comercial, pero sin olvidar la asombrosa originalidad que seguirá destilando durante bastantes años más. Las canciones Sally y I Got Rhythm son maravillosas, aunque no tienen tanta fama como otras de su carrera.

Durante este año y los siguientes se enfrascó en algunas giras que hoy día suponen las mejores que ha realizado. Poco a poco van sacándolas, al fin, en DVD. La más conocida y compleja fue Tour of Europe (1979, más conocida como Exposed), una macro gira extraordinaria con una cantidad de músicos enorme, orquesta inclusive. Económicamente fue una ruina que sufragó con las ventas de Platinum y del disco de la gira, un álbum doble excelente (Exposed, 1979), con la mejor versión de Tubular Bells en directo. Otra importante fue la de 1981 por Europa, que también acaba de salir en DVD (Live in Montreux).

El que para mí es uno de los discos más extraños de su carrera, QE2 (siglas del colosal barco Queen Elizabeth II), está formado por temas muy cortos, con un estilo muy alegre y sencillo (prácticamente es pop casi sin letras), e incluso cuenta con dos inspiraciones en temas de otros grupos (Abba y The Shadows). La calidad no es muy alta, salvo en el corte que da título al disco y en Taurus. Cabe mencionar que supuso la primera colaboración (tras probarla en una gira) con la cantante Maggie Reilly, quien con su maravillosa voz acompañó a Oldfield en varios discos y en sus canciones más exitosas.

En 1982 creó Five Miles Out inspirado en un accidente de aviación que tuvo mientras pilotaba. Un trabajo muy bueno (y uno de mis favoritos), con un sonido pop/rock muy complejo y temas instrumentales largos entremezclados con otros cantados. La canción Five Miles Out se convirtió en un éxito, aunque del disco yo me quedo con el inmenso Taurus II, un corte instrumental de veinte minutos que incluye otra colaboración de Paddy Moloney.

Crises vino después (1983). Es como una versión de Five Miles Out pero más cercano al pop/rock electrónico que al rock. Moonlight Shadow es seguramente la canción de Mike Oldfield más conocida por el público (cantada por Maggie Reilly) y el corte Crises es otro instrumental largo excepcional.

Le siguió Discovery (1984), en la línea de Crises pero con más canciones y un tema instrumental poco atractivo olvidado al final del disco. Las canciones son interesantes, con toques originales, una producción sublime y sus guitarras casi inhumanas, pero en general no es un gran disco.

Siempre interesado en probar cosas nuevas, Oldfield se aventuró en la creación de una banda sonora original: The Killing Fields (Los gritos del silencio, 1984). El resultado fue desastroso, probablemente la peor obra del músico inglés. Sin embargo, adaptando una composición Francisco Tárrega creó uno de los temas más bellos que he escuchado nunca: Etude. Por lo demás, completamente olvidable.

El recopilatorio más conocido y destacable de su obra es The Complete (1986), de dos discos, donde en el primero se incluyen sus canciones más exitosas y una larga lista de temas que no están en ningún disco, imprescindibles casi todos ellos, y el segundo contiene una selección de extractos de los cuatro grandes discos y de la banda sonora y, lo más llamativo de la edición, un directo exquisito de Platinum (y un par de temas de QE2 y Five Miles Out), con solos de guitarra larguísimos e impresionantes. Los temas inéditos fueron recopilados de unos singles que fue creando a lo largo de su carrera y no vieron la luz en ningún disco, incluyendo temas gran calidad como In Dulci Jubilo, Guilty, Mistake y una versión más larga de Shadow on the Wall. Este disco doble siempre ha sido carísimo, y eso que ya tiene bastantes años.

Islands (1987) siguió en el estilo de pop/rock de esta década, incluso contó con la colaboración de una artista muy conocida en la época, Bonnie Tyler. La canción Islands fue otro gran éxito, y el resto (algunas con la voz de la noruega Anita Hegerland) son bastante notables. En este trabajo Mike juega mucho más que en anteriores con los sintetizadores, y a la vez afirma estar en contra de componer exclusivamente con ordenadores.

Uno de sus trabajos menos conocidos es Earth Moving (1989), que parece más propio de artistas como Madonna: pop electrónico comercial donde la poca inspiración musical se suple con buenas técnicas de grabación. Es alegre, sencillo, con algunos elementos interesantes: sus guitarras, las siempre maravillosas voces que encuentra y una calidad de sonido como es habitual sublime.

Cuando se acercaba el final de su contrato casi esclavista con Virgin y mientras crecían los rumores de que Tubular Bells II estaba al caer editó dos álbumes muy distintos: Amarok (1990) y Heavens Open (1991). El primero es su creación más incomprendida fuera de sus fans habituales, una pieza de sesenta minutos rarísima, detallista y llena de mensajes ocultos (incluidas indirectas contra Virgin), una genial amalgama de sonidos extraños que entran y salen a veces sin sentido aparente y melodías tan caóticas como bellas. La crítica no supo qué tenía entre manos, la publicidad fue nula y apenas vendió, y su estilo es completamente inclasificable. Probablemente es el disco más extraño y complejo de la música contemporánea, una obra maestra que para el que esto escribe es el mejor disco de este autor. El segundo, el infame Heavens Open, lo creó como despedida para Virgin, y su nula calidad se podría interpretar como un insulto deliberado hacia la discográfica. En él cantaba todas las canciones por primera vez en su carrera (tras recibir clases para ello). Salvo la canción que da nombre al disco y No Dream, ambas de cierta calidad (sobre todo en el acabado sonoro), el resto son morralla, y el corte instrumental largo es totalmente olvidable.

El paso a la discográfica WEA no pudo ser mejor, realizándolo a lo grande: con Tubular Bells II (1992), una versión moderna de su más famosa obra. Se preparó una buena campaña de publicidad y se presentó en un concierto inolvidable (Edimburgo, 1992). Así pues, fue un exitazo de ventas. El disco, sin ser uno de los grandes de su carrera, sí es muy bueno, y sobre todo de los más fáciles de escuchar pese a su forma instrumental. Es muy recomendable para iniciados, pues suele gustar a casi todo el que lo escucha; de hecho, es raro el hogar que no tiene uno de estos dos primeros Tubular Bells: son clásicos atemporales.

Le siguió otro de sus experimentos extraños que recibió críticas dispares incluso entre los fans, aunque son muchos más los que lo consideran un buen trabajo. The Songs of Distant Earth (1994) fue una aproximación a la electrónica y a las Nuevas músicas, géneros que ya tenían muchos años a cuestas. Es un disco interesante y bastante curioso, con buenos momentos, pero no muy destacable y sobre todo incomparable con cualquier gran obra de estos géneros. También tuvo buena publicidad y ventas, y contó con una edición especial que traía material multimedia.

Inquieto como es, siguió explorando distintas formas musicales. El siguiente paso le llevó a la música celta. Tomando un tema de sus amigos gallegos Luar Na Lubre (folk recomendable, aunque no de lo mejor de España) creó el primer tema de Voyager (1996), un disco donde puso su impecable mano como productor a algunos temas tradicionales y otras creaciones propias. Cabe destacar la colaboración poco anunciada y poco conocida de algunos de los mejores músicos celtas del momento (Aly Bain, Sean Keane, Liam O’Flynn y muchos más). Salvo algunos (pocos) buenos instantes, es un disco bastante aburrido, una aproximación comercial a la música celta pero nada inspirada en la composición e interpretación de los temas.

A partir de aquí, aun teniendo altibajos enormes anteriormente, se acabó el auténtico Mike Oldfield para mí. Lo que vino después fue una retahíla de despropósitos: aberraciones musicales con muchísima grabación directamente desde los ordenadores (cuando años antes se mostró muy en contra de componer así) inspiradas en las discotecas de Ibiza, su residencia en aquella época, como Tubular Bells III; intentos fallidos de fusiones étnicas, como Millenium Bell, que como el anterior trabajo se valió de las mágicas campanas en el nombre para intentar vender más; y lo que es peor, su aproximación al chill out y al tecno, con los mediocres Tr3s Lunas (¡que guay es poniendo un 3 en vez de una e!), y Light + Shade. Incluso tomó la dudosa decisión de volver a grabar Tubular Bells con la tecnología actual (Tubular Bells 2003), con un resultado muy discutible: suena chillón y estridente, electrónico, con la instrumentación simplificada al máximo… y me niego a mencionar la introducción discotequera que tiene y que ya es suficiente para echar pestes del disco.

Sin embargo, cabe destacar entre tanta tontería un interesante Guitars (1999), que como su nombre indica está realizado enteramente con guitarras. No es uno de sus discos más notables, pero no está nada mal.

En la última década estuvo realizando algunas giras en las que a parte de presentar los nuevos trabajos incluía temas antiguos. No sé si lo hacía para ocultar en parte su fracaso artístico (comercialmente sigue muy vivo), pero el resultado de estos conciertos fue desigual, en algunos casos interesante (Then an Now Tour, con temas de Guitars y The Songs of Distant Earth principalmente) y en otros nefasto: conciertos como The Art in Heaven o la presentación del Tubular Bells III, con cuatro músicos a los aparatos electrónicos haciendo interpretaciones lamentables de grandes temas como Tubular Bells u Ommadawn y de canciones míticas como Moonlight Shadow… y eso por no explayarme en la ridícula orgía tecno-orquestal de los temas de Millenium Bell o la incorporación de una cantante llamada Pepsi (¡!), una hortera que estaría mejor en un espectáculo circense. Sin embargo, en 2006-2007 se ha unido a la gira Night of the Proms, una serie de conciertos que cada cierto tiempo reúne a varios músicos y proporciona conciertos de gran importancia por Europa. En dicha gira Oldfield aporta un segmento de veinte minutos donde aborda sus temas más conocidos con interpretaciones espectaculares donde la orquesta juega un papel magnífico. La fecha de los conciertos de España son: 30 de marzo en Valencia y 31 de marzo en Madrid.

Y para terminar, el propio Mike ha mencionado en varias ocasiones que su próximo trabajo podría ser de índole orquestal. Veremos qué es capaz de hacer este superdotado e inquieto artista que tantas genialidades creó en su momento y que ahora más le valdría dedicarse exclusivamente a la producción de discos de otros músicos o a vivir de sus rentas. La esperanza nunca se pierde, ¿verdad?

DISCOGRAFÍA Iré enlazando discos a medida que cree los artículos. Me limitaré a destacar lo importante, huyendo de rarezas, singles y maxis. Son CDs salvo que se indique lo contrario. En los recopilatorios, señalo los temas raros que no se incluyen en discos normales.

->Discos:
- Tubular Bells, 1973.
- Hergest Ridge, 1974.
- Orchestal Tubular Bells, 1975.
- Ommadawn, 1975.
- Incantations, 1978.
- Platinum, 1979.
- QE2, 1980.
- Five Miles Out, 1982.
- Crises, 1983.
- Discovery, 1984.
- The Killing Fields, 1984. Banda sonora original.
- Islands, 1987.
- Earth Moving, 1989.
- Amarok, 1990.
- Heavens Open, 1991.
- Tubular Bells II, 1992.
- The Songs of Distant Earth, 1994.
- Voyager, 1996.
- Tubular Bells III, 1998.
- Guitars, 1999.
- The Millennium Bell, 1999.
- Tr3s Lunas, 2002.
- Tubular Bells 2003, 2003. Rregrabación/reinterpretación del Tubular Bells original.
- Light + Shade, 2005.
- Music of the Spheres, 2008.
->Recopilatorios:
- Boxed, 1976. Tres discos, con sus tres primeros álbumes y varios temas muy poco conocidos: Portsmouth, In Dulci Jubilo, Argiers, Speak, The Phaeacian Games, First Excursion, The Rio Grande.
- The Complete, 1985. Dos discos, cuatro secciones: 1) Temas instrumentales, generalmente raros (casi todos imprescindibles). 2) Canciones exitosas. 3) Extractos de sus cuatro grandes discos y de The Killing Fields. 4) Magníficos directos de Platinum, QE2 y Five Miles Out.
Los temas raros son: Mistake, William Tell Overture, Cockoo Song, In Dulci Jubilo, Portsmouth, Jungle Gardenia, Guilty, Blue Peter, Waldberg (The Peak).
- The Best of Mike Oldfield: Elements, 1994. In Dulci Jubilo, Portsmouth. Recopilatorio de sus temas más conocidos.
- The Best of Mike Oldfield: Elements, 1994 (VHS). Recopilación de sus videos musicales más importantes hasta la fecha.
- XXV: The Esential, 1997. Incluyó un avance de Tubular Bells III y remixes de Tubular Bells II.
- The Best of Mike Oldfield: Elements, 2004 (DVD). Los mismos videoclips que la versión VHS, pero tiene contenidos nuevos: Tubular Bells Part 1 en directo en la BBC en 1976, un video montaje de diecisiete minutos de música de Incantations con motivos de cohetes espaciales, y algún tema viejo como Don Alfonso (increíble lo ridículo que es dicho video).
- The Best of Tubular Bells, 2001. Recopila distintas versiones de los Tubular Bells.
- Collection, 2002. In Dulci Jubilo, Portsmouth. Recopilatorio editado en pocos países, con nada diferente respecto a otros.
- The Complete Tubular Bells, 2003. Tres CDs y un DVD: Tubular Bells I, II y III, aunque lamentablemente la versión de Tubular Bells es la regradaba en 2003. El DVD trae un video y varios temas mezclados en sonido 5.1.
- The Platinum Collection, 2006. Tres discos con extractos de los grandes discos, canciones exitosas y temas raros (no incluyo los que hay en otros recopilatorios): Pictures in the Dark, Shine (Extended Version). Y varios temas remezclados o alargados que vieron la luz en maxis y singles: To France (Extended Version), Islands (12’ Mix), Flying Star (12’ Mix), The Time Has Come (12’ Mix), Innocent (12’ Mix), Earth Movin (Club Version), Heaven’s Open (12’ Mix), Moonlight Shadow (12’ Mix), Guilty (12’ Mix).
-> Directos:
- The Essential: Live at Knebworth, 1980 (VHS). Concierto de Tubular Bells, Ommadawn y Guilty.
- Exposed, 1979. Tubular Bells e Incantation.
- Tubular Bells II: Premiere Performance Live at Edinburgh Castle, 1992 (VHS), 1999 (DVD). Presentación de Tubular Bells II en Edimburgo.
- Tubular Bells III: Premiere Performance Live at Horse Guards Parade London, 1999 (VHS). Presentación del Tubular Bells III en Londres.
- Tubular Bells II y III, 1999 (DVD). Los conciertos anteriores en DVD.
- The Art in Heaven, 2001 (DVD). Millenium Bell más varios temas clásicos, en Berlín.
- DVD Collection, 2004 (DVD). Edición que recopila los DVDs de Tubular Bells II y III y Millenium Bell.
- Exposed, 2005 (DVD). Tubular Bells e Incantations en Wembley Conference Center en 1979. Opción multiángulo con cuatro ángulos.
- Live in Montreux 1981, 2006 (DVD). Platinum, Tubular Bells y Ommadawn.

21-06-06

Troya: Horner Vs. Yared

Las bandas sonoras originales rechazadas son siempre muy buscadas por los fans del género, que convierten estas piezas desconocidas en discos de coleccionistas. No es habitual que salgan a la venta, aunque algunos casos existen, pero sí hay muchas ocasiones en las que la trascendencia del cambio es notable y pueden llegar a conseguirse ediciones no oficiales por las redes de intercambio de archivos. Me vienen a la mente pocos casos, aunque indagando se pueden hallar muchos más: Piratas del Caribe de Alan Silvestri fue reemplazada por la de Klaus Badelt, sin que la primera versión haya visto la luz aún; con la de Howard Shore reemplazada por Newton Howard para King Kong igual; El Guerrero nº 13 de Graeme Revell y Lisa Gerrard se puede obtener por Internet tras haber sido rechazada y cambiada por una composición del fallecido Jerry Goldsmith; Alien Nation de Jerry Goldmisth vio la luz tras haber sido desplazada quince años antes…

Estos reemplazos, cuando son conocidos, suelen ofrecerse a quejas y comparativas varias, siempre que puedan escucharse ambas composiciones. No es nada raro que la partitura descartada supere a la finalmente empleada, ya sea porque resulta más interesante o simplemente porque es una composición superior. Esto ocurre porque se suelen anteponer intereses comerciales y otras decisiones equivocadas de altos directivos al resultado artístico. Un caso de terrible decisión comercial es el de Piratas del Caribe, que sin haber escuchado el trabajo de Silvestri, está claro que cualquier cosa sería mucho mejor que lo orquestado por Badelt. A veces es más difícil decantarse por una u otra a pesar de que sabemos que no se tuvo en cuenta la calidad en el momento de ser reemplazada, como es el caso de El Guerrero nº 13: si bien la partitura de Revell fue eliminada porque Michael Crichton metió mucha mano al trabajo del director John McTiernan, he de decir que la BSO de Goldsmith no aparenta ser tan apta hablando del estilo musical, pero sin duda es muchísimo más impactante, impresionante y efectiva.

El caso que aquí analizo ha sido probablemente el que mayor repercusión ha creado, tal es la magnitud del error y la rápida difusión que ha tenido el soberbio trabajo de Yared.

Tras el éxito de Gladiator, el género de películas históricas, o por extensión el de espadas y guerreros, tuvo un nuevo auge. Varias producciones de alto presupuesto y repercusión se llevaron a cabo en los años posteriores, siendo todas muy esperadas, pues es un género muy atractivo. Igualmente, son propuestas que prometen estar acompañadas por bandas sonoras originales de alta calidad y majestuosidad. Desgraciadamente, el cine últimamente da pocas grandes películas, y en concreto las que se han realizado dentro de esta temática no han salido del todo bien paradas, siendo destacable solamente la espectacularidad de algunas de ellas (Troya, El Reino de los Cielos).

En cuanto a bandas sonoras, la cosa está más repartida, y aunque el número de trabajos interesantes no sea elevado, la calidad de los mismos sí es notable. El Reino de los Cielos de Gregson-Williams es excelente, la propia Gladiator de Zimmer y Gerrard es muy recomendable… y si hilamos más fino e incluimos la saga fantástica de El Señor de los Anillos dentro del género de aventuras/espadas/batallas, nos encontramos con la creación de Howard Shore, cuya trilogía es equiparable en calidad a la del Maestro Williams de La Guerra de las Galaxias, es decir, que son de las mejores y más importantes composiciones de la historia del cine.

En Troya se produjo una paradoja terrorífica, pues la composición de Gabriel Yared es tan extraordinaria que estaría con total seguridad en cualquier lista de mejores bandas sonoras originales de la historia, incluso ganando puntos por su estado de trabajo maldito que le otorga un aura especial, pero en cambio fue sustituida por una creación de James Horner realizada con prisas, mal acabada y muy poco inspirada (constantes auto-plagios). La historia es sencilla y triste:

Troya se estrenó en el año 2004, pero como muchas películas, antes fue expuesta en pases de prueba donde un público que no sé cómo se elige indica, tras visionar el film, qué no le gusta, qué cambiaría. Asombrosamente, la reacción generalizada fue de rechazo a la partitura del compositor seleccionado, Gabriel Yared, por sonar demasiado antigua. Es la primera parida, pues no hay otra forma de definir semejante opinión, ya que la idea de la película era recrear una historia muy, muy antigua, y claro, los elementos que forman la producción deben emular dicha época. He de creer que fue una mala casualidad que nadie con algo de objetividad y la cabeza en su sitio acabase en el pase de prueba, y todos esperasen alguna música directa y simplona tipo Piratas del Caribe. Pero llegamos a la segunda parida, la del o los directivos de la distribuidora o los productores (espero que no fuera el propio Wolfgan Petersen, el director de la película, pues siempre he pensado que es un buen director) que decidieron ignorar todo elemento artístico en pro de la completa comercialidad: prescindieron de Yared, ficharon a uno de los compositores más solicitados y comerciales (y mejor pagados) del momento, James Horner.

James Horner tiene una carrera amplia, muy amplia. Lleva muchos años en el género y es, a pesar de su constante auto-plagio y su afán de trabajar en muchas producciones cada año en vez de centrarse en pocas y dar lo máximo de sí, uno de los autores más destacables e importantes del momento. Tiene creaciones inolvidables, influyentes, y muy exitosas, como Willow, Aliens, Braveheart, Los fisgones, Titanic… Pero también ha pasado por baches artísticos muy profundos, donde realizó verdaderas atrocidades como Enemigo a las puertas. Parte de su carrera está limitada a unos poquísimos motivos que repite con tediosa constancia, como el tema de acción heroico de Willow, reutilizado una y otra y otra vez desde que sus primeras notas se oyeron en Krull o Star Trek II; o el coro dramático que ha sido eje central de composiciones como Una mente maravillosa, cuya mejor y más bella forma pudimos disfrutar en Los fisgones; o el tema de Braveheart, que ha empleado hasta en composiciones recientes como El Nuevo Mundo

En Troya no sólo se encontró ante la ardua tarea de crear una BSO en unas dos semanas, sino que también era una película que requería música muy compleja y en grandes cantidades. El resultado fue aceptable en cierta forma, pero algo precario en sonido y simbiosis con las imágenes, y sobre todo demoledor si tenemos presente la magnífica composición indignamente rechazada a la que sustituyó con precipitación.

Cómo no, Gabriel Yared sufrió y se enfadó mucho, pues su trabajo es de esos que cada vez resultan más escasos donde el autor dedica todo su tiempo y esfuerzo a crear una gran obra, estudiando sonidos y músicas de distintas épocas… Hoy día sólo puedo citar un trabajo semejante, el de Howard Shore para El Señor de los Anillos. Este lógico enfado ante la sinrazón de las productoras no le ha servido de nada a Yared, pues a día de hoy no parece haber intención de editar su trabajo, y menos aún de realizar un montaje del filme que lo incorpore en el metraje. Así que lo que hizo fue enviar a distintos medios del género un disco con lo que había grabado para mostrar su trabajo al mundo, que aun incompleto y sin la grabación bien pulida, muestra plenamente lo que consiguió: una Obra Maestra. Pronto el disco cayó en las P2P y cualquier fan puede disfrutarlo.

– Actualización (07-05-08) – He de añadir, años después de realizar este reportaje, una nota sorprendente. Hace poco salió a la venta en DVD una versión de Troya con media hora más de metraje. Si en su momento el tema del cambio de Yared por Horner y la mediocre música que ofreció este último fue bastante sonado, el caso actual es si cabe más ridículo: para esta versión de la película no se ha compuesto nueva música, sino que se ha reutilizado lo que ya había, repitiendo aún más la música de Horner, pero para rellenar en algunos momentos se han puesto breves instantes de la partitura de Yared e incluso de otras, como El planeta de los Simios de Danny Elfman, Starship Troopers de Basil Poledouris y unas pocas más. Al parecer los resultados son lamentables (montaje precipitado y música inadecuada al momento, me imagino). Ahora más que nunca se echa de menos una versión que incluya la partitura de Yared bien grabada y montada.


-Gabriel Yared nació en 1949 en Beirut. Ha compuesto bandas sonoras originales como El paciente Inglés, El talento de Mr. Ripley, Otoño en Nueva York, Ciudad de Ángeles… Su web oficial: gabrielyared.com


-James Horner nació en 1953 en Texas. Suyas son composiciones tan conocidas como Aliens, Titanic, Braveheart, Apollo 13, Willow, La tormenta perfecta, La máscara del Zorro
Su web oficial: james-horner.com

07-03-06

Los Oscar y las bandas sonoras originales del 2005

No es nada raro que las nominaciones de los Oscar a las bandas sonoras originales (recalcar esto último: originales, es decir, escritas para la película) sean elegidas de formas que parecen aleatorias. En realidad, prácticamente es una de las nominaciones más de relleno que hay. Muchas veces se otorga el premio (o tan solo la nominación) como consolación a la película que no ha obtenido nada más pero prometía llevarse mucho, o el caso contrario, a la película que se va a llevar muchos premios para redondear. De ahí casos tan alarmantes como el de este año, donde una composición que apenas tiene más que un tema (y no es gran cosa) ha salido con la estatuilla. Ya era insultante para otros trabajos que estuviera nominada, pero así son los Oscar.

Otros años también ha ocurrido esto mismo: Full Monty y Frida fueron consoladas con el premio cuando sus banda sonoras, en un 95%, son una selección de temas existentes. No es raro que los Premios de la Academia se contradigan de un año a otro con excusas extrañas. No parecen tener sus propias normas claras: un año no nominan la BSO de Las dos Torres (y la película) porque era una segunda parte, en cambio El retorno del Rey se llevó casi todos los premios (muchos ni los merecía, el de BSO sin duda sí); aunque más conocido el es caso de quién es actor secundario y quién no: en El paciente inglés y en Training Day las nominaciones/premios fueron al revés.

Este año más que nunca la cosa ha sido rara, conflictiva y equivocada en el apartado que concierne a este blog. Las grandes composiciones del año ni siquiera estaban entre las nominadas, Williams como siempre partía con sobrada ventaja pero no ganó, se coló la habitual nominación de consolación… Un desastre bastante habitual, pero agravado por dejar de lado trabajos magistrales, de los mejores en muchos años, como Star Wars Revenge of the Sith o Harry Potter and the Goblet of Fire. Sin duda uno de estos dos debería haberse alzado con el premio si los Oscar fueran justos. En el apartado de Mejor canción ya no entro, pues aquí la cosa es mucho más subjetiva (un solo tema, que puede gustar más o menos independientemente de su calidad) y más que ninguno es un premio que sobra. Pero decir que grandes temas han sido olvidados, como las canciones de The Chronicles of Narnia o la maravillosa Wonka’s Welcome Song de Charlie and the Chocolate Factory de Danny Elfman (y el resto de canciones del disco tampoco tienen desperdicio).

Pero no me olvido de otros trabajos destacables por su calidad o importancia, como Kingdom of Heaven de Harry Gregson-Williams o King Kong de James Newton Howard, que podrían haber optado al pequeño señor dorado. Voy a dedicar este monográfico a las mejores bandas sonoras originales del año, creando un artículo para cada nominada y para las otras que me parecen destacables.

Lo mejor del 2005. Iré mostrando los artículos de opinión a medida que los vaya haciendo (sin orden concreto) y actualizaré los enlaces de esta lista cuando estén publicados.

-Brokeback Mountain, de Gustavo Santaolalla (ganadora del Oscar) En un principio no voy a incluir en los artículos a Brokeback Mountain, puesto que es un disco que sólo tiene un tema original que apenas varía, y por bonito que sea no merece la pena perder el tiempo con dicho trabajo. Podéis ver la opinión de Soundtrack.net
Mi opinión: mediocre, nominada de rebote por la película. Casi ni la considero banda sonora original.

-The Constant Gardener, de Alberto Iglesias (El jardinero fiel, nominada).
Este español ha hecho historia al estar nominado por la música de esta película protagonizada por Rachel Weisz y Ralph Fiennes.

-Memoirs of a Geisha, de John Williams (Memorias de una Geisha, nominada).
Como muchos años, Williams por partida doble. En este excelente trabajo le acompañan Yo-Yo Ma e Itzhak Perlman (que ya colaboró en La lista de Schindler), dos artistas de enorme calidad y reconocimiento mundial.

-Munich, de John Williams (nominada).
Su habitual trabajo para Spielberg como siempre nos ofrece mucha calidad.

-Pride & Prejudice, de Dario Marianelli (Orgullo y prejuicio, nominada).
Desconocidos autor y banda sonora y película de la que apenas se ha hablado pese a ser de las favoritas.

-Crash, de Mark Isham.
Una de las películas favoritas con menos posibilidades pese a ser probablemente la mejor del año. Sorpresa que ganara a Mejor película. No estaba nominada la banda sonora, pero como la película es tan importante y el disco no es nada malo, la incluyo.

-Star Wars: Episode III - Revenge of the Sith, de John Williams (La Guerra de las Galaxias: La venganza de los Sith).
Olvidada pese a ser de lo mejor del año. Quizá su estreno fue muy lejano a la elección de las nominaciones. Sin duda, la mejor BSO de la nueva trilogía.

-Harry Potter and the Goblet of Fire, de Patrick Doyle (Harry Potter y el Cáliz de Fuego).
Cambio de autor, cambio de estilo. Resultado, obra maestra.

-Kingdom of Heaven, de Harry Gregson-Williams (El reino de los cielos).
Película olvidada en las nominaciones pese a que podía haber optado a muchos apartados técnicos. La BSO tiene una enorme calidad.

-The Chronicles of Narnia, de Harry Gregson-Williams (Las Crónicas de Narnia).
BSO con buena recepción por la crítica y el público, pero también olvidada pese a ser mejor que alguna nominada.

-King Kong, de James Newton Howard.
Tras El Retorno del Rey Peter Jackson partía como favorito, pero al final no se comió un rosco en las nominaciones/premios importantes. Newton Howard sustituye a última hora a Howard Shore. Un trabajo bastante importante pero no tan bueno como cabría esperar.

-Charlie and the Chocolate Factory, de Danny Elfman (Charlie y la fábrica de chocolate).
El disco de Elfman del año, aunque destaca más que nada por las canciones.

:::warrenelcricon.blogsome.com, 2006:::
No me mangues artículos.