X-Men Orígenes: Lobezno
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X-Men Origins: Wolverine, 2009, EE.UU.
Género: Acción. Duración: 107 min. Director: Gavin Hood. Escritores: David Beniof, Skip Goods . Actores: Liev Schrieber, Huhg Jackman, Danny Huston. Música: Harry Gregson-Williams. |
Valoración:
Lo mejor: Los dos actores principales (Hugh Jackman y Liev Schrieber).
Lo peor: Es notablemente insustancial en guión y puesta en escena.
Mejores momentos: Los créditos iniciales que repasan la vida de los protagonistas hasta el presente.
La nota: Dientes de sable sale en X-Men, pero convertido en un sicario estúpido que ni siquiera habla.
Sus numerosas críticas negativas, que la ponían incluso peor que a la notablemente fallida X-Men: La decisión final (X-Men 3, vamos), me mantuvieron bien alejado de las salas de cine, pero como siempre la curiosidad me pudo y tranquilamente en casita me lancé a su visionado. Y bueno, comparado con otros riesgos que he corrido esta vez no he salido muy mal parado, pues es un entretenimiento decentillo (incluso ligeramente superior a la citada tercera parte), pero lo cierto es que analizando la cinta con frialdad es evidente que deja mucho que desear.
Potencial había de sobra, pero ni guión ni dirección supieron exprimirlo lo más mínimo. La narración es apática, fría, no tiene garra alguna. Durante todo el metraje deja la sensación de que por fin va a empezar a ocurrir algo, pero en realidad ya está ocurriendo y simplemente no se está haciendo notar. La trama es tan simple que sabe a poco, los personajes tienen tan poco fondo que no despiertan interés y, peor aún, en muchísimas ocasiones cabe preguntarse cuáles son sus motivaciones, por qué esos cambios de lealtades o esas extrañas decisiones de ahora te quiero matar y te persigo por todo el mundo pero cinco minutos después somos uña y carne. La dirección (Gavin Hood) es bastante flojilla y no consigue sacar todo el partido de un presupuesto que le hubiera permitido ser espectacular. Sí, tiene escenas de acción que le dan ritmo, pero son demasiado aparatosas, demasiado rebuscadas, y además no están resueltas con profesionalidad, quedando algo cutres a veces; al menos la escena final en la central nuclear es bastante espectacular.
Sobre los efectos especiales, estos cumplen (citar de nuevo la escena final), pero en muchas escenas, algunas incluso que no son de acción (la aparición de Xavier), parece que están rodadas en una cochera con pantallas verdes, pues los fondos falsos se notan demasiado para una cinta de este calibre, y la verdad es que por ello pierde bastante enteros en el aspecto visual.
Si en conjunto se salva es porque el ritmo no llega a decaer a pesar de no ser una montaña rusa, los actores son muy competentes (en especial la pareja protagonista, Hugh Jackman y Liev Schrieber) y la idea de central es atractiva aunque no llegue a dar nada digno de recordar. Como es muy habitual cabe preguntarse por qué se desperdician tantas películas prometedoras, si de verdad es tan difícil hacer un producto competente.