25-06-09

La guerra de las galaxias: Episodio III, La venganza de los Sith

Categorías: Cine

 

Star Wars: Episode III, Revenge of the Sith, 2005, EE.UU.
Género: Acción, aventura, fantasía.
Duración: 140 min.
Director: George Lucas.
Escritor: George Lucas.
Actores: Ewan McGregor, Natalie Portman, Hayden Christensen, Christopher Lee, Ian McDiarmird, Samuel L. Jackson, Frank Oz, Temuera Morrison, Jimmy Smits.
Música: John Williams.

Valoración:
Lo mejor: Momentos puntuales de gran intensidad. Toda escena en la que sale Palpatine. Lo de siempre: el derroche de imaginación y recursos puestos en la recreación del universo. La banda sonora de John Williams, crucial en muchos instantes.
Lo peor: El potencial desaprovechado, las situaciones y escenas echadas a perder por una falta de garra en la dirección y en el guión. Podría haber sido la mejor y es bastante insatisfactoria.
Mejores momentos: La batalla inicial. Palpatine tanteando y tentando a Anakin en varias ocasiones. Palpatine descubriendo sus cartas y luchando contra Mace Windu y posteriormente contra Yoda.
Los planos: El inicial, con la batalla sobre Coruscant. El picado a la máscara de Vader recien puesta.
La curiosidad: Wayne Pygram (que interpreta en la serie Farscape a Scorpius, el mejor villano de la historia de la TV, una suerte de Darth Vader) hace un cameo interpretando a Tarkin, quien en el Episodio IV está al mando de la Estrella de la Muerte.
Malaciencia: La batalla inicial está repleta de malaciencia: capas que se mueven como si hubiera viento en el espacio (la de Grievous), inercias imposibles (robots que se caen del casco de las naves como si los hubieran empujado), etc.
Las frases:
1) ¡Tú eras el elegido! ¡Se suponía que ibas a destruir a los Sith, no convertirte en uno de ellos! ¡Se suponía que ibas a traer el equilibrio a la Fuerza, no dejarla en oscuridad! -Obi-Wan a Anakin.
2) El Lado Oscuro de la Fuerza es un camino que puede aportar facultades y dones que muchos no dudan en calificar de antinaturales -Palpatine a Anakin.

* * * * * * * * *

Y llegó el Episodio III. Al público y en menor medida a la crítica les gustó, de hecho es el único de esta trilogía que consigue una media de críticas realmente notable, pero en mi caso tuvieron que pasar varios visionados hasta que conseguí apartar las malas sensaciones que me dejaban los instantes fallidos y los desaprovechados, que no son pocos, y consiguiera sacarle algo de jugo, porque tener tiene bastante. Mi opinión final está pues llena de sentimientos encontrados. Claro que me gusta, me apasiona, sino no lo hubiera visto cinco veces como mínimo, pero no puedo decir que sea lo que esperaba de quien nos regaló la trilogía original, y más viendo el potencial que tenía la historia y los grandes momentos que se dejan entrever pero no terminan de asomar por completo.

El mejor logro del capítulo es que se desarrollan bastante bien las tramas personales. El personaje de Anakin sale bien parado, pero el actor Hayden Christensen no da la talla en ningún instante y la fuerza de las escenas se ve notablemente resentida. Pero hay que decir que el de Palpatine es fascinante, de hecho roba protagonismo a todos los demás. Suyas son todas las grandes escenas de la película: el enorme plan de dominación total que se orquesta, perfectamente creíble dentro del universo presentado, sus largas e intensas conversaciones con Anakin, donde sutilmente le tienta y arrastra a su lado, etc. Y gran parte del mérito recae sobre un correctamente sobreactuado Ian McDiarmid, capaz de mostrar tanto los registros terroríficos como los afables del inquietante personaje y dejando siempre entrever su vena ambiciosa cuando no tiránica. Huelga decir que con el doblaje se pierde muchísimo. Y por cierto, Jar Jar sólo sale en un plano, por suerte.

Sin embargo, a pesar del más que correcto dibujo de estos dos protagonistas se pasa de instantes sumamente efectivos (Anakin y Padmé “mirándose” en la distancia, cualquier aparición de Palpatine) a otros fatalmente desarrollados (Obi-Wan descubriendo la maldad en Anakin al ver como mata a los niños, una escena tan fría y torpe que destroza la tensión del momento), y así mismo da la sensación de que todos los personajes deambulan demasiado por la galaxia hasta que se consigue concretar algo.

En general también destaca algo más el trasfondo político, tan infrautilizado en las dos anteriores partes, de hecho la unión entre la caída de la República y la los Jedis es encomiable. Pero en gran parte del metraje se queda ahí, en un trasfondo, sin conseguir despegar completamente: con todo lo que había para contar el hilo principal se lleva a través de secuencias no muy bien hilvanadas, una escena de acción tras otra que da un ritmo rápido pero que parece ir esquivando lo realmente importante. No sé qué aporta un personaje como Grievous a la trama, excepto perder el tiempo con flipadas varias. No logro entender cómo puede Lucas perder tanto el norte en ocasiones tan importantes como el duelo final entre Anakin y Obi-Wan, el momento quizá más esperado de toda la saga, que termina convertido en una patética lucha a espadas en plan videojuego de plataformas. Y al igual que en El ataque de los clones se empeña en hacer de ancianos Jedis unos superhéroes de inusitada agilidad, convirtiendo a Yoda y Dooku en esperpentos. Además, el careto digital de Christopher Lee sobre el doble queda fatal y por extensión el uso de dobles digitales no convence. ¿De verdad no tenía mejor forma de mostrar el poder de los grandes Sith y caballeros Jedi que con esas escenas imposibles y pueriles? Al menos al final sí recurre a los rayos en un par de momentos alucinantes (Windu contra Palpatine y Palpatine contra Yoda) y hay algún instante donde sí entra en juego la inteligencia, los diálogos y acciones destinados a posicionar a sus rivales y aliados de la forma que les conviene, como el sobrecogedor momento en que Palpatine se medio deja vencer por Windu para que Anakin interceda.

Así pues, a pesar de sus numerosos buenos (y muy buenos) momentos en estos dos aspectos (personajes y trama socio-política) el conjunto no termina de obtener una forma redonda y equilibrada que ofrezca un relato firme y tan épico y demoledor como cabría esperar. Las irregularidades del guión se suman a las irregularidades de la puesta en escena y así pasamos de un gran tramo a unas cuantas secuencias algo inconexas pero sobre todo frías y desaprovechadas. Qué poca emoción transmiten los últimos momentos de Padmé (el precipitado parto provoca risas), qué terriblemente inerte se muestra Obi-Wan (mal por Lucas, pero también por Ewan McGregor) cada vez que su aventajado alumno mete la pata e incluso cuando cae en la más profunda de las tinieblas y debe acabar con él. No hago sino preguntarme para qué tantos efectos especiales (de nuevo citar el vergonzoso duelo entre Anakin y Obi-Wan) si se deja de lado la escenificación bien meditada y otros aspectos que vengo citando como la dirección de actores o la cohesión realmente efectiva de las líneas narrativas. Lamentablemente en esta trilogía, al contrario que la original, en numerosas ocasiones los efectos especiales están por encima de la historia (¿pero qué aporta el animalito que monta Obi-Wan aquí, las criaturas marinas de La amenaza fantasma –o incluso la espectacular carrera de vainas- o la larga persecución al inicio de El ataque de los clones?). Y por si fuera poco, muchísimas veces es el grandísimo John Williams quien, con su majestuosa banda sonora (sin duda la más lograda de esta etapa), salva numerosas secuencias gracias a que transmite muchísimo más que la inexpresiva puesta en escena de Lucas.

El despliegue de mundos y escenarios es de nuevo insólito, siendo incluso más completo y complejo (visualmente hablando) que en las anteriores partes. Pero Hollywood no recompensó esta magnífica labor de dirección artística, efectos especiales y sonoros porque no se lleva bien con Lucas: esta trilogía no se llevó ningún Oscar en esos aspectos técnicos, cuando los merecía todos los tres años, de hecho el ridículo fue indescriptible cuando en esta ocasión sólo obtuvo la nominación al mejor maquillaje. Por cierto, la banda sonora fue probablemente la mejor del año y tampoco tuvo el reconocimiento que mereció; de hecho fue la temporada más negra en este aspecto que se recuerda, la más comentada y criticada por los amantes del género (ver el artículo sobre las mejores bandas sonoras de 2007).

En resumen, me da la sensación de que la historia tiene la suficiente fuerza como para conseguir hablar por sí sola a pesar de que George Lucas con su torpeza le pone mil trabas. Entre su poca habilidad para sacar algo de los actores, la falta de garra de numerosas escenas, los altibajos en los diálogos, el efectismo innecesario e infantil y el excesivo y aparatoso aspecto visual que termina saturando en ocasiones obstruye la fluidez narrativa y desaprovecha el infinito potencial de la trama. El resultado es un notable espectáculo y un episodio que enlaza muy bien ambas trilogías de la saga (aunque con alguna inconsistencia, como que Obi-Wan afirme no conocer a C3PO y R2D2 y los Owen no los reconozcan en el Episodio IV), pero a pesar de la grandeza que tiene en momentos puntuales y de todo lo que podría haber dado de sí decepciona por su frialdad, por su irregularidad y porque es una película más artificiosa que efectiva.

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