300
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300, 2006, EE.UU.
Género: Drama, acción. Duración: 117 min. Director: Zack Snyder. Escritores: Zack Snyder, Kurt Johnstad, Michael Gordon, Frank Miller y Lynn Varley (cómic). Actores: Gerard Butler, Dominic West, David Wehnham, Rodrigo Santoro, Lena Headey. Música: Tyler Bates. |
Valoración:
Lo mejor: El riesgo artístico, el intento de innovar, el impactante estilo visual.
Lo peor: El resultado, un videoclip sin contenido.
Mejores momentos: La negociación entre Jerjes y Leónidas y la lucha contra el trol.
La frase: -Leónidas a Jerjes: Llevamos toda la mañana conviviendo con la cultura persa.
No cabe duda de que 300 es el estreno de la temporada, una de estas películas que levantan grandes movimientos de seguidores, los cuales se concentran Internet y se unen rápidamente a la moda junto a los viejos lectores de la obra original y van en manadas al cine esperando ver saciado su más o menos exigente nivel de impresionabilidad friki. Pero 300 parte además con el aliciente que los medios se empeñan en otorgarle de producción revolucionaria en el arte cinematográfico, con lo que el revuelo es mayor y se extiende a la crítica y a aquellos que esperan buen cine y no sólo entretenimientos de encefalograma plano. Pero el resultado, para el que esto escribe, es pobre en lo visual, paupérrimo en el contenido y considerablemente aburrido a pesar de ser un supuesto espectáculo visceral.
El dicho de que estamos ante una producción revolucionaria se me antoja exagerado por la propia campaña publicitaria, pues 300 no aporta nada nuevo en su realización y el resultado de su estilo visual innovador dista de ser perfecto. Para derrumbar las ingenuas habladurías de que la producción ha reinventado el cine basta citar que rodar con pantallas verdes o azules se lleva haciendo como una década, y hay películas realizadas enteramente así como Sky Captain, o que la alteración de colores y el añadido de grano es aún más viejo, o que el aspecto de cómic ya se empleó en la muy superior Sin City. Eso sí, se le ha otorgado un colorido y una fotografía que imitan muy bien al formato del cómic y consiguen una estética tan peculiar que proporciona una apariencia única y muy atractiva a las imágenes.
Sin embargo, el conjunto de factores que conforman este estilo, la fotografía, el colorido, y los decorados, muestran un agotamiento de recursos bastante llamativo, propiciando que el acabado visual global, a parte de original y curioso, peque de simple, apagado, poco virtuoso y mal aprovechado. La fotografía es bastante buena, pero no puede dar mucho de si al estar tan limitada a primeros planos y tomas de decorados simplísimos en los que el cartón-piedra o plásticos utilizados son demasiado evidentes.
El uso del color con gran contenido de grano consigue esa aura artificial tan cautivadora en primera instancia, pero pronto los constantes tonos tan anaranjados terminan saturando las imágenes. Sumando todos estos intentos más o menos logrados de crear una atmósfera sin igual, me encuentro con que a planos de indudable belleza e impacto visual se le suman muchos momentos en los que la pantalla aparece casi vacía o con contenido sin definición, resultando imágenes asépticas poco atractivas. Pero el baremo tiende por lo general a ser bastante precioso y fascinante, aun cuando recuerda a otras producciones, como Gladiator (los tonos naranjas sobre ciudades y campos de trigo, y la escena de la mujer en dicho campo, degraciadamente son muy parecidos a los de la producción de Ridley Scott).
Si la parte visual es sorprendente, el contenido es todo lo contrario. El guión no existe, faceta que sería perdonable si el espectáculo valiera la pena, pero como 300 no ofrece nada más allá de una fachada de videojuego o videoclip ralentizado hasta resultar agotador, se echa mucho más de menos una historia y unos personajes que sustenten el endeble entretenimiento. Salvo Leónidas y la reina, bien caracterizados por un inmenso Gerard Butler y una eficaz Lena Headey, la ausencia de personajes es total, y no es que estos dos tengan mucha dimensión. Algunos de los caracteres, como los dos traidores o el soldado que lucha junto a su hijo, están dibujados de manera tan simplista y resultan tan infantiles que, desde mi punto de vista, resultan insultantes para la inteligencia del espectador. La trama es sencilla, tanto por venir del cómic como por centrarse únicamente en una batalla, pero se muestra endeble e insustancial, con muchos aspectos mejorables. En ocasiones la credibilidad desaparece:
cuanto más avanza la batalla, más salen del desfiladero que supuestamente les iba a proteger, mientras los increíblemente estúpidos persas se lanzan en grupos de tres o cuatro contra ellos en vez de arrasar con su número superior de fuerzas. También es curioso que los 300 no lleven carros o bolsas con provisiones a su odisea. La parte de la esposa y reina es un añadido sobre el cómic, y a pesar de ser un buen intento de dotar al conjunto de mayor solidez y de describir la parte de Esparta que se queda sin combatir, termina por resultar cargante, monótona y previsible, y el hallazgo del traidor, que es tan necio como para llevar las monedas persas encima, es vergonzoso. En cuanto a los diálogos, algunos tienen chispa (genial la conversación entre Jerjes, con su polémica caracterización de drag queen, y Leónidas), pero en general carecen de fuerza, entusiasmo y emotividad, y por si fuera poco la narración es redundante y muy pedante.
Pero el peor error de la película son los juegos de cámara. Fallando el contenido, la estructura de la narración es lo que queda para que la apariencia final se alce como digna… pero las cámaras lentas ofrecen un desarrollo sin vigor, cansino, y en consecuencia un metraje inflado; además, hay fantasmadas como la bailarina de los oráculos o el harén de Jerjes que no vienen a cuento, y las escenas con fugaces pero numerosas cámaras aceleradas destrozan secuencias en las que se vislumbran grandes coreografías, con lo que las batallas están desvirtuadas, perdiendo todo el sensacionalismo que podrían haber destilado con tanta lucha, sangre y monstruos.
Otro elemento importante y del que se habla con frecuencia es la música. La partitura de Tyler Bates es otro elemento irregular, ineficaz a ratos pero con algún breve momento emocionante. Eso sí, bebe descaradamente de muchísimas otras obras (Titus, Gladiator…) y la mezcla de elementos étnicos y modernos a veces desentona, con mucho guitarreo en algunas partes sin motivos claros.
Ha habido controversia política alrededor de la película, los típicos personajillos incendiarios que ven insultos y atentados en todas partes e intentan censurarlo todo para mostrar su punto de vista generalmente de índole totalitaria… y lo cierto es que esta vez sus quejas tienen al menos una base, pues el mensaje de 300 es descarado: los valerosos (y dementes sanguinarios educados por una cultura que venera la muerte en combate) espartanos defienden el nacimiento de la democracia griega ante la invasión persa que aniquila la cultura y la libertad para imponer su religión, su dictadura. Más o menos como ocurre ahora con EE.UU. y los países islamistas, situación en la que también es difícil ver quién es menos malo y quién comete menos atrocidades y queda claro que ambos bandos defienden su modelo de vida a costa de muchas vidas humanas.
En resumen, a pesar del estusiasmo del público iba con la sensación de que vería algo como Sin City, o sea, una obra donde el guión no es lo más fuerte pero la forma y el carisma presumiblemenete proporcionarían una película muy interesante, y a pesar de la buena recepción (apenas hay gente descontenta), me he topado con un experimento fallido de contenido nulo, una producción incapaz de hallar el equilibrio entre cine innovador, cine de calidad y cine de entretenimiento. Le otorgo un aprobado por su cualidad de experimento, pero queda pendiente un segundo visionado (si me coge con ganas cuando salga en DVD) para confirmar mi opinión final.