15-01-07

El truco final (El Prestigio)

Categorías: Cine

 

The Prestige, 2006, EE.UU.
Género: Drama.
Duración: 128 min.
Director: Christopher Nolan.
Escritores: Christopher Nolan, Jonathan Nolan, Christopher Priest (novela).
Actores: Hugh Jackman, Christian Bale, Michael Caine, Scarlett Johansson, Piper Perabo, Andy Serkis, David Bowie, Rebecca Hall.
Música: David Julyan.

Valoración:
Lo mejor: Ambientación, actores, y sobre todo la magnífica labor de Christopher Nolan tras las cámaras: el uso de la narración no lineal, el manejo del tiempo, el ritmo que imprime, el partido que saca de los personajes, el interés constante y lleno de bueno momentos y sorpresas…
Lo peor: Que al final se empeñe en explicarlo todo al detalle, quitándole muchísimo interés al eliminar la posibilidad de que salgas del cine lleno de dudas, ideas y ganas de verla otra y otra vez.
Mejores momentos: Angier viendo a la familia de Borden. Borden interrumpiendo la función de Angier. La aparición de Tesla. El gato y los sombreros. Angier introduciéndose en la máquina. Borden intentando sacar a Angier del tanque.
La pregunta: ¿Pero a qué juegan los traductores con los títulos de algunas películas?
La frase:
-Sarah: No más mentiras, no más secretos.
-Borden: Los secretos son mi vida.

Christopher Nolan es uno de los autores más dotados del momento, un director que, aunque no tiene un sello muy característico más allá de sus siempre perfectos juegos con las líneas temporales, es un artista impecable tras las cámaras, capaz de exprimir al máximo los personajes y de sacar todo el partido posible a la narración. Gracias a él productos menores como Insomnia son altamente entretenidos, cintas como Batman Begins derrochan carisma, y el experimento de Memento dio como resultado una de las películas más destacables, atípicas y difíciles del cine moderno.

Si El Prestigio hubiera caído en manos de autores del montón probablemente se habría quedado en una producción superficial de trucos y engaños, de giros rebuscados y trampas argumentales. Pero el guión que Christopher Nolan ha escrito junto a su hermano basándose en la novela de Christopher Priest (de la que dicen que es muy buena y original, y la película desde luego es buen indicativo de ello) va mucho más allá de un posible acercamiento insípido y previsible al mundo de los magos, construyendo un magnífico relato sobre el enfrentamiento de dos grandes genios de la magia a lo largo de sus vidas, una historia que profundiza con detallismo en el alma de los personajes reflejando las virtudes y miserias del ser humano de forma loable: la ambición, la corrupción, el amor, el odio, la ética…

Es sublime el formato no lineal que le han otorgado el relato, enriqueciendo de manera singular el desarrollo de los acontecimientos y el clima de intriga. Asistimos a una historia llena de misterios y sorpresas notables que el espectador debe ir resolviendo a medida que las distintas líneas narrativas convergen, divergen o danzan entrelazadas mientras forman el espléndido mosaico de personajes enfrentados, ambiciones, espectáculos de ilusionismo, investigaciones… A la hora de dirigir esta trama de notable complejidad estructural Nolan no ha cometido ni un fallo (si exceptuamos el final), ofreciendo una película de ritmo inmejorable, con un sentido del tiempo y del espacio exquisito, genial teniendo en cuenta la dificultad de mostrar la evolución de los personajes junto al suspense de las intrigas de forma coherente y que resulte atractiva e impactante para el espectador: en todo instante se sabe en qué momento y lugar de la vida de cada carácter estamos.

Otro de los grandes aciertos es la ya mencionada habilidad de este autor para construir personajes de gran profundidad. Siendo una película sobre la vida de dos peculiares individuos, este aspecto ha sido cuidado al máximo, resultando una evolución de caracteres modélica que no se ve perjudicada por la peculiar estructura narrativa. La presentación y maduración de los personajes están expuestas con asombrosa habilidad, siendo especialmente eficaz en los cambios en la moralidad de Angier (genial su gradual caída en la desesperación y la pérdida de la ética), pero a la vez nada descuidada en la constante ambigüedad y decadencia de Borden. No se olvida tampoco de los secundarios que se ven envueltos en el tortuoso enfrentamiento, con el correcto mentor de los magos, el preocupado y amistoso ingeniero Cutter, con la delicada esposa Sarah… aunque la ayudante Olivia se presenta algo descuidada, quizá por la falta de carisma en la interpretación de Scarlett Johansson.

Como viene siendo habitual, Nolan se rodea de un reparto de grandes nombres, que salvo la insípida recién mencionada Scarlett Johansson (hablando claro está de la interpretación, porque la chica es muy bella) no decepcionan, con la ligera excepción de que personalmente el gran Michael Caine, tras el papelón en Batman Begins, aquí no me resulta destacable (lo que no significa que no esté perfecto). Christian Bale resulta como siempre una presencia imponente, y su actuación está a la altura de su personaje, el genio oscuro y ambicioso. Hugh Jackman tiene entre manos un carácter en principio más racional y sentimental, pero más adelante desesperado y amoral, y plasma su evolución con todo detalle; mención especial para el momento en que lee las últimas páginas del diario de Borden. Los papeles secundarios, quitando a la citada Johansson, recaen en actores menos conocidos, pero están a la altura de las circunstancias, especialmente Rebecca Hall y Piper Perabo, más expresivas que su compatriota famosa, o David Bowie, encarnando con comedimiento a un enigmático Tesla.

La ambientación del siglo XIX es correcta, generalmente limitada a los escenarios cerrados de los teatros, evitando así alardes innecesarios en un relato cuyo fuerte es la forma y el contenido, no lo visual, aspecto que ni mucho menos ha sido descuidado: vestuario de primer nivel, efectos sonoros y especiales bien empleados, y sobre todo un atrezo rico en detalles. Como es habitual en Nolan, la música no es un factor primordial del que ostentar y abusar, sino un complemento sutil puesto al servicio de la narración. Así, la partitura de David Julyan proporciona el suspense y dramatismo necesario, pero su presencia no llama la atención indebidamente; su audición en disco es pues, aburrida, pero su fusión con las imágenes, perfecta.

Un pero tiene El Prestigio, un pero demasiado grave y que ensucia de forma innecesaria y evitable una producción excepcional y sorprendente. A lo largo del relato Nolan va soltando pistas más que evidentes (demasiado en algunas ocasiones) sobre los misterios principales (los resultados de la máquina o los trucos de Borden) que cualquier espectador que preste algo de atención y disfrute del cine inteligente irá enlazando, o quizá simplemente sospechando, de manera que se van atando cabos y antes de la resolución de la historia es posible desglosar y comprender cada truco narrativo y argumental (que además, en ninguna ocasión defraudan y encajan a la perfección en la historia). Si un espectador no es tan despierto como para enterarse de todo, no importa, no siempre captamos todo a la primera, y así podemos disfrutar de otros visionados. Pero la tendencia del cine (al menos del que viene de Hollywood) desde hace cinco o diez años se inclina por no dejar nada a la inteligencia del espectador, como si fuera una urgencia ineludible expresar cada idea de la forma más simple, dando como resultado que cada vez hay menos producciones que no recurren a lo fácil (tópicos, tanto visuales como argumentales), e incluso cuando alguna demuestra algo más de decencia e inteligencia, ésta termina estropeándose al explicar todo con detalle antes de finalizar la proyección, dejando sin preguntas e inquietudes al público (hay excepciones, como la saga Matrix). El Prestigio es una película especialmente inteligente, de las que ofrecen la posibilidad de volver a verla con atención extra y ser analizada desde múltiples ángulos, y por eso mismo resulta molesto que en el final se recurra a la típica escena en la que los dos protagonistas se encuentran cara a cara y desvelan toda respuesta y misterio. Pero resulta aún más doloroso que un director de tanta calidad como Nolan, un autor que demostró con Memento que aún existe el cine que hace que te exprimas las neuronas (incluso con la posibilidad de que no obtengas respuestas claras), caiga tan bajo como para desvelar todo, absolutamente todo, en dicha conversación, añadiendo incluso flashbacks que no dejan resquicio alguno donde usar la imaginación. Me pregunto si ha sido por presión de la productora o por decisión propia, y prefiero inclinarme por la primera opción.

Sin ese final, sin ese estropicio cometido negligentemente en pro de la cada vez más lamentable idea de que el público es idiota, El Prestigio hubiera sido una película inolvidable, pero se queda, que no es poco, en un visionado imprescindible.

1 Comment »

  1. Me pareció una película buenísima y en cuanto a lo peor de la película me parece una equivocación. Ya que el cine actual está lleno de películas con un final abierto y salir de la moda es algo que me parece genial. Además uno sale del cine con sus dudas y la quiere volver a ver para observar los detalles que se explican al final y otros que no.
    Para el que no la vio… que no se la pierda!!!!!!!

    Comment by Andrés Cánchero — 30-06-07 @ 04:35

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