El mito de Bourne
The Bourne Supremacy, 2004, Alemania.
Género: Drama, acción. Duración: 108 min. Director: Paul Greengrass. Escritor: Robert Ludlum (novela), Tony Gilroy. Actores: Matt Damon, Franka Potente, Brian Cox, Joan Allen, Julia Stiles, Karl Urban, Gabriel Mann. Música: John Powell. |
Valoración:
Lo mejor: El ritmo frenético sin descanso aderezado con una buena trama. La música.
Lo peor: Excesos en el montaje (muchos planos muy rápidos) y en la fotografía (mareante).
Mejores momentos: La persecución de coches a porrazo limpio. Bourne derribando policías sin esfuerzo.
El plano: Bourne sentado en la habitación de la joven rusa.
El título: No entiendo la obcecación que tienen con cambiar los títulos de la saga: es La supremacía de Bourne, no El mito de Bourne, y la primera era La identidad de Bourne, no El caso Bourne. Cambian el claro significado del título original.
Impresionante secuela que multiplica por dos todo lo de la primera entrega: la trama es más compleja, el ritmo más trepidante, las escenas de acción más impresionantes, la persecución de coches más larga y espectacular… y Bourne da más caña.
Bourne está escondido con su novia, pero tras ser incriminado en un crimen relacionado con el proyecto Treadstone y perder a su amada cuando trataron de eliminarle para no dejar pistas, debe volver para arreglar cuentas. Y lo hace muy cabreado. Vemos a Bourne en la plenitud de sus facultades, luchando hasta la extenuación. Lo mejor es cuando asoma dejándose ver, sin mediar palabra: se deja capturar para recopilar algo de información y luego, sin pestañear, se da a la fuga. ¡La supremacía de Bourne!
La película es un sinfín de escenas de acción entrelazadas por una trama de misterio, espionaje y traiciones enrevesada pero clara y bien explicada. El ritmo es imparable, admirable si tenemos en cuenta que no es una sucesión de explosiones, ruido y efectos especiales. La mayor parte de la película tenemos a Bourne huyendo, con un montaje ágil y una música trepidante. La única pega que puede hacérsele es que peca de excesos: el propio montaje se vuelve caótico algunas veces, cambiando de planos con excesiva velocidad, problema que se acrecienta en los flashbacks; y la fotografía resulta mareante en ocasiones, tanto por el enfoque como por el movimiento excesivo de la cámara en algunos momentos. De todas formas, el director sabe rodar, y las escenas no resultan confusas.
Cada escena de acción es un deleite impresionante, y en el centro del torbellino tenemos siempre a un impecable Matt Damon como un imparable Jason Bourne, que termina hecho polvo pero nunca se rinde. La persecución de coches se convierte en una de las mejores que se han realizado, rodada de forma magistral, sin trucos aparentes, con muchos recursos, y es larga y muy impactante. El final a golpe limpio es brutal.
Tiene un buen reparto, con secundarios de lujo como Brian Cox, que ve aquí ampliado su papel con respecto a la primera entrega, Joan Allen como una eficaz pero presionada alto mando, Karl Urban como el asesino que va tras Bourne…
Mención especial para el precioso epílogo con la muchacha rusa, que no destriparé por si ustedes no la han visto.
Una de las mejores películas de acción inteligente que he visto en muchísimos años, aunque hay quien dice que es mejor la primera, quizá por su forma menos caótica. Y me encanta la banda sonora original de John Powell, tan trepidante como el filme.