Misión Imposible III
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Mission: Impossible III, 2006, EE.UU.
Género: Acción. Duración: 126 min. Director: J. J. Abrams. Escritor: J. J. Abrams. Productores: Tom Cruise, Paula Wagner. Actores: Tom Cruise, Ving Rhames, Keri Russel, Philip Seymour Hoffman, Lawrence Fishburne. Música: Michael Giacchino. |
Valoración:
Lo mejor: La puesta en escena de Abrams en las escenas de acción; el ritmo incansable. Philip Seymour Hoffman y su personaje.
Lo peor: La pesada campaña publicitaria y el pesado de Tom Cruise. Una dirección un poco agobiante en algunos momentos con tanto primer plano.
Mejores momentos: La secuencia del puente. El interrogatorio de Ethan a Davian. Ethan y Lindsey mano a mano contra los enemigos.
El plano: La aparición del helicóptero repleto de hombres fuertemente armados en el puente.
La frase: ¿Quién eres? ¿Tienes esposa? ¿Novia? Quienquiera que sea, la encontraré. La torturaré. Y luego te mataré frente a ella.
Podéis leer la crítica completa en Fantasymundo, donde ahondo más en detalles, sobre todo comparando la película con al serie Alias.
Abrams lo ha conseguido. No ha llegado al nivel del estupendo e ininteligible thriller de Brian de Palma, cosa que evidentemente no se pretendía, pero sí ha creado un film de acción de buena factura y, lo que es más importante, de entretenimiento de alto nivel casi sin fisuras. Y por supuesto, infinitamente superior al inefable subproducto creado por John Woo, quien con la segunda entrega construyó un mosaico de absurdos hasta el punto de crear una de las peores películas que jamás han mancillado una sala de proyección.
Si bien las necesidades del guión no era muy exigentes, Abrams ha saldado con buen hacer un problema constante en las películas de acción: la falta de una historia decentilla y medianamente sólida y unos personajes mínimamente humanos. Ha sabido profundizar en el héroe Ethan Hunt construyendo a su alrededor una vida que, aun siendo muy tópica y sencilla (la típica esposa que termina en peligro), enriquece al personaje otorgándole mayores horizontes que el actuar por actuar. Igualmente, Ethan conecta con sus compañeros de trabajo de forma amistosa, alejándose de la frialdad con que trataba Brian de Palma a los personajes. De todas formas, no se buscaba mayor profundidad en un carácter que no la requiere más allá de conectar con el público, de no resultar un Terminator, y más teniendo en cuenta que debía ser construido a la medida de Tom Cruise. De hecho, uno no ve en pantalla a Ethan Hunt, ve siempre a Tom Cruise… y es algo que le pasa en todas las películas en las que participa desde hace bastantes años, incluso en las de mayor calidad, como El último Samurai.
Otro aspecto de la escritura que está bien saldado es la búsqueda constante de situaciones complicadas y espectaculares entremezcladas con las dosis necesarias de explicaciones del argumento (que no es tan confuso como en la primera entrega) y la vida familiar. Obviando las escenas tópicas e inverosímiles habituales, como la esposa convirtiéndose en heroína implacable y sin apenas sorprenderse de nada de lo que ocurre, siempre sonriente, alguna cosilla un poco forzada como la fuga de Ethan del FIM, el traidor de la organización y unos artefactos tecnológicos fantasiosos, algunos deslices como que a veces se olvida de dónde están los demás miembros del equipo de Ethan, etc., estamos ante un guión que cumple perfectamente con su función de película de acción de alto (altísimo) presupuesto.
Cabría destacar también el personaje de Phyllip Seymour Hoffman, Owen Davian, un archienemigo que resulta tan intrigante como temible, especialmente cuando tratan de rescatarlo sus hombres. El duelo entre el héroe y el enemigo durante toda la proyección es de lo mejor del filme.
En la labor de dirección Abrams ha estado muy sorprendente, aunque no perfecto. En los momentos más sosegados ha pecado de abusar de los primeros planos, obteniendo un encuadre demasiado cerrado, agobiante. En algunas conversaciones sí era necesario limitar todo efectismo al cara a cara de los protagonistas, pero en gran parte de ellas no, y en un film de acción es necesario más amplitud, mayor grandiosidad. Por ejemplo, todas las tomas dentro del FIM resultan enlatadas. No vemos nada del escenario con esos planos tan limitados. Dudo que la intención fuera mantener la intriga de cómo es y funciona el lugar de trabajo, y aunque así lo fuera el resultado no es bueno.
Es en las escenas de acción donde se suelta, donde deslumbra con una forma de rodar puramente artesanal, huyendo de las hoy día excesivas digitalizaciones, lo cual es muy de agradecer. El ritmo de la película no decae en ningún instante y en las escenas clave alcanza cotas de un efectismo impresionante. Secuencias como la del puente no sólo resultan algunos de los momentos más espectaculares del cine de acción de los últimos años, sino que mantienen la tensión en vilo durante varios minutos, llegando a sorprender por lo que ocurre y por la resolución de la situación. Y eso hoy día, en un cine que se olvida de contar algo, de buscar levantar sensaciones en el espectador, que se inclina por el camino fácil de meter muchos efectos digitales y sonoros y acelerar mucho las cosas que pasan, es muy, muy, muy de agradecer.
Estas escenas de acción resultan algo inverosímiles pero dentro de unos límites. No estamos ante las humanamente creíbles peripecias que sortea Jason Bourne, pero tampoco ante las increíbles fantasías por las que hacen pasar al imperturbable James Bond o, por citar otra de acción reciente, las totalmente increíbles secuencias de La Isla. Digamos que estamos más ante algo de Ciencia-Ficción, que podría ser creíble o lo intenta, que frente a algo de pura fantasía. Y cabe decir que las armas se quedan sin munición, Ethan suda, se lleva buenos golpes (diría que sufre casi tanto como Jack Bauer –Kiefer Sutherland- en 24, aunque muere menos veces) y las pasa canutas, incluso contagiando al espectador con sus dificultades.
La labor de los actores no suele ser destacable en productos de este género, pero uno de la talla de Philip Seymour Hoffman lo hace en casi cualquier papel, y aquí desarrolla una interpretación seria, inquietante y a veces terrorífica muy conseguida. Cabe citar también la breve pero efectiva labor de Keri Russell como Lindsey.
El uso del sonido es muy bueno, enfatizando gracias a él más que correctamente las escenas de combate y acción. En cuanto a la Banda Sonora Original, creada por otro miembro del equipo de Abrams, Michael Giacchino, estoy algo decepcionado. El autor ha demostrado gran desenvoltura y buen hacer en las producciones televisivas, hasta el punto de que la partitura creada para Perdidos despunta como una de las mejores creaciones del género para TV. Pero en este filme no ha estado apenas inspirado, y siendo un trabajo tan similar a Alias es extraño. La música que ha creado es bastante apta, no es estruendosa, ni abultada, ni caótica, sí trepidante sin descanso, pero aun dentro del modelo de melodías típicas de espionajes que ha elegido resulta poco atractiva, casi carente de entidad, monótona. El trabajo de Elfman fue más interesante, y el de Zimmer para la segunda entrega un pestiño, vulgarmente hablando.
Aunque esta saga está siendo irregular, podría centrarme en esta última parte y hacer comparaciones con otras de espionaje-acción recientes: Es muy superior a las repetitivas y vulgarmente exageradas películas de James Bond protagonizadas por Pierce no-me-despeino-Brosnan, pero menos buena que las interesantísimas dos entregas de Jason Bourne interpretadas por Matt Damon (sobre todo la segunda parte, un filme de acción magnífico).
El resultado, una película palomitera de las de agarrarse al asiento constantemente. Un entretenimiento más que digno. Un trabajo que ha servido como eficaz lanzamiento de un muy prometedor artista, J.J. Abrams, a la gran pantalla. Para pasar dos horas emocionantes es altamente recomendable.