30-05-06

El mito de Bourne

Categorías: Cine

 

The Bourne Supremacy, 2004, Alemania.
Género: Drama, acción.
Duración: 108 min.
Director: Paul Greengrass.
Escritor: Robert Ludlum (novela), Tony Gilroy.
Actores: Matt Damon, Franka Potente, Brian Cox, Joan Allen, Julia Stiles, Karl Urban, Gabriel Mann.
Música: John Powell.

Valoración:
Lo mejor: El ritmo frenético sin descanso aderezado con una buena trama. La música.
Lo peor: Excesos en el montaje (muchos planos muy rápidos) y en la fotografía (mareante).
Mejores momentos: La persecución de coches a porrazo limpio. Bourne derribando policías sin esfuerzo.
El plano: Bourne sentado en la habitación de la joven rusa.
El título: No entiendo la obcecación que tienen con cambiar los títulos de la saga: es La supremacía de Bourne, no El mito de Bourne, y la primera era La identidad de Bourne, no El caso Bourne. Cambian el claro significado del título original.

Impresionante secuela que multiplica por dos todo lo de la primera entrega: la trama es más compleja, el ritmo más trepidante, las escenas de acción más impresionantes, la persecución de coches más larga y espectacular… y Bourne da más caña.

Bourne está escondido con su novia, pero tras ser incriminado en un crimen relacionado con el proyecto Treadstone y perder a su amada cuando trataron de eliminarle para no dejar pistas, debe volver para arreglar cuentas. Y lo hace muy cabreado. Vemos a Bourne en la plenitud de sus facultades, luchando hasta la extenuación. Lo mejor es cuando asoma dejándose ver, sin mediar palabra: se deja capturar para recopilar algo de información y luego, sin pestañear, se da a la fuga. ¡La supremacía de Bourne!

La película es un sinfín de escenas de acción entrelazadas por una trama de misterio, espionaje y traiciones enrevesada pero clara y bien explicada. El ritmo es imparable, admirable si tenemos en cuenta que no es una sucesión de explosiones, ruido y efectos especiales. La mayor parte de la película tenemos a Bourne huyendo, con un montaje ágil y una música trepidante. La única pega que puede hacérsele es que peca de excesos: el propio montaje se vuelve caótico algunas veces, cambiando de planos con excesiva velocidad, problema que se acrecienta en los flashbacks; y la fotografía resulta mareante en ocasiones, tanto por el enfoque como por el movimiento excesivo de la cámara en algunos momentos. De todas formas, el director sabe rodar, y las escenas no resultan confusas.

Cada escena de acción es un deleite impresionante, y en el centro del torbellino tenemos siempre a un impecable Matt Damon como un imparable Jason Bourne, que termina hecho polvo pero nunca se rinde. La persecución de coches se convierte en una de las mejores que se han realizado, rodada de forma magistral, sin trucos aparentes, con muchos recursos, y es larga y muy impactante. El final a golpe limpio es brutal.

Tiene un buen reparto, con secundarios de lujo como Brian Cox, que ve aquí ampliado su papel con respecto a la primera entrega, Joan Allen como una eficaz pero presionada alto mando, Karl Urban como el asesino que va tras Bourne…

Mención especial para el precioso epílogo con la muchacha rusa, que no destriparé por si ustedes no la han visto.

Una de las mejores películas de acción inteligente que he visto en muchísimos años, aunque hay quien dice que es mejor la primera, quizá por su forma menos caótica. Y me encanta la banda sonora original de John Powell, tan trepidante como el filme.

29-05-06

El caso Bourne

Categorías: Cine

 

The Bourne Identity, 2002, Alemania.
Género: Drama, acción.
Duración: 119 min.
Director: Doug Liman.
Escritor: Robert Ludlum (novela), Tony Gilroy, W. Blake Herron.
Actores: Matt Damon, Franka Potente, Chris Cooper, Clive Oven, Brian Cox, Julia Stiles.
Música: John Powell.

Valoración:
Lo mejor: Bourne/Damon. El ritmo.
Lo peor: Nada especialmente destacable.
Mejores momentos: La secuencia en la Embajada y la persecución de coches.
La frase: Cómo podría olvidarte, eres la única persona que conozco.

Sustentándose en una trama de espionaje y misterio la película sigue las indagaciones de un joven con amnesia que en realidad es una máquina de matar creada por un oscuro proyecto llamado Treadstone. No es nada nuevo, pero sirve como base para un filme de acción muy interesante, superior a la media (y superior las últimas películas de James Bond, cada cual más repetitiva y exagerada) y que ha sido bien recibida por el público, hasta el punto de tener secuelas.

El personaje correctamente interpretado por Matt Damon resulta muy atractivo, una mezcla entre hábil agente secreto, feroz soldado y, desde su amnesia, joven preocupado, perdido en un mundo hostil aunque con recursos para enfrentarse a él. Y lo hace. Pero en los primeros pasos de su nueva vida debe contar con la ayuda de una joven trotamundos de la que se enamora rápidamente. De nuevo, nada es original, pero es algo que no importa siempre que el conjunto se construya medianamente bien, y en este filme las piezas encajan siempre con suficiente eficacia.

Lo mejor de la película es su ritmo, siempre activo y atractivo. No hay momento de descanso, y el que haya mucha acción no significa que se olviden de desarrollar el argumento. Especialmente destacable es la persecución de coches, escena cumbre que fue también empleada (y ampliada) en la segunda parte.

Como producción de acción, una de las cintas más interesantes en muchos años, pues no se olvida de tener un argumento y personajes, y parte de la idea de que el espectador espera algo mínimamente inteligente.

28-05-06

Troya

Categorías: Cine

 

Troy, 2004, EE.UU.
Género: Drama, acción.
Duración: 163 min.
Director: Wolfgang Petersen.
Escritor: David Benioff, inspirándose en “La Ilíada” de Homero.
Actores: Brad Pitt, Eric Bana, Brian Cox, Orlando Bloom, Sean Bean, Brendan Gleeson, Diane Kruger, Peter O’Toole, Rose Byrne.
Música: James Horner.

Valoración:
Lo mejor: La dirección, sobre todo en las escenas de luchas; las coreografías, el vestuario, decorados…
Lo peor: La incomprensible decisión de cambiar la banda sonora original: de obra maestra de Yared a uno de los peores trabajos de Horner. Y cómo no, las licencias históricas.
Mejores momentos: Todas las luchas donde están Aquiles y Hector… o más bien todas las batallas.
El plano: Por ridículo: un millón de barcos cubriendo el mar.
La frase: A veces hay que servir para poder comandar.

Cuando Hollywood amenaza con realizar películas históricas los que quieren algo de rigor se echan a temblar, pues algunas veces el toque holliwoodiense llega a excesos ridículos, cambiando cosas a su antojo o incluso reinventando la historia de forma enfermiza, demostrando la incultura predominante en Estados Unidos.

Hay que decir que en algunos casos es perdonable, pues inventan una película ambientada en una época pero sin buscar rigor histórico, por ejemplo Gladiator. En este caso igualmente es vapuleada por expertos y críticos, que olvidan que están ante ficción cinematográfica como lo puede ser cualquier película ambientada en la época actual: si en una película de acción un Presidente de EE.UU. se puede liar a pegar tiros, ¿por qué no va a poder un Emperador hacer lo mismo? Pero en casos donde el argumento en sí es la Historia, se pide algo de respeto. En Troya estamos ante un cambio tras otro, la mayoría innecesarios para el devenir del relato, pero será que los guionistas no saben hacerlo mejor o no les importa. Al menos, aquí tienen la decencia de anunciar que está inspirada en La Ilíada, y además hay que tener en cuenta que los poemas de Homero eran ya de por sí exageraciones literarias

El caso es que a parte del poco rigor histórico, este género siempre tiene bastante respaldo del público debido a su atractivo y espectacularidad. Aún tenemos algo en nuestros genes deseando ver a gente destriparse en luchas a espada.

Y Troya no es menos. Rodada de forma impecable aprovechando al máximo su abultadísimo presupuesto, es todo un deleite de batallas realizadas con la mayor claridad que he visto en ninguna película, olvidando la moda de agitar la cámara, un recurso facilón y pobre del que abusan directores mediocres últimamente en las películas de acción (y otras épicas del estilo de Troya, como Peter Jackson en El Señor de los Anillos). Así mismo, la minuciosidad en el rodaje de dichas escenas va desde las estrategias hasta las luchas mano a mano entre los protagonistas, pasando por los sentimientos de los soldados y las ideas expansionistas y defensivas de los reyes, y todo con una buena fotografía que exprime las magníficas coreografías, los impresionantes decorados y los perfectos efectos digitales (tan bien empleados que no se notan) hasta obtener las peleas más creíbles e impresionantes.

El guión mueve a su antojo personajes y situaciones respecto a la obra literaria, hasta el punto de que el libreto es casi una excusa para centrarse en el belicismo. Prueba de ello es que no se pierde tiempo en presentar intensivamente personajes, historias y lugares: tras una breve explicación de la situación en los créditos, la presentación de las ambiciones de Agamenón y la fortaleza de Aquiles, se pasa directamente al evento que desencadena la guerra (o que sirve de excusa para que Agamenón la desencadene). Y a partir de ahí es un circo de batallas y escaramuzas con algunas fantasmadas de guión de por medio (la personalidad plana y anodina de Aquiles) y otras partes mejor conseguidas, como el personaje de Héctor, quizá el único realmente destacable del conjunto. Su hermano Paris, interpretado por un siempre vulgar Orlando Bloom, no resulta cómico, ni produce lástima, simplemente se espera que desaparezca lo antes posible. Pero no lo hace. Las mujeres del relato son prácticamente maniquíes, tanto en la psique de sus personajes como en el trabajo de sus intérpretes. El resto de actores son secundarios de lujo como Peter O’Toole, que sobreactúa como un demente, Sean Bean, siempre perfecto, siempre metido en su papel de forma impecable, Brian Cox, que representa muy bien, como también es habitual, a un ambicioso sin escrúpulos, y una convincente Rosi Byrne como Briseida.

El ritmo es bastante bueno: las dos horas cuarenta minutos no se hacen largas. Algunas partes sin acción tienen fuerza, como la impresionante petición de Príamo a Aquiles en pleno campamento de este último (su enemigo). Tan sólo decae un poco durante el saqueo, donde la narración pierde fuerza al no ser capaz de realizar un buen clímax final. En ese sentido, la muerte de Aquiles es bastante insípida.

Lo peor de la cinta es sin duda la banda sonora original. La historia es bastante conocida por los fans del género: La BSO recayó en un compositor poco conocido, Gabriel Yared (El paciente inglés). Realizó una composición completamente acorde con la temática del filme: música apoteósica, heroica, que emula la época antigua. Precisamente por eso fue descartada: en los pases de prueba las quejas del público fueron encaminadas principalmente a recalcar que la música sonaba antigua. Ridículo pero cierto. Así que se descartó, siendo la peor decisión que he visto de este tipo, y se recurrió a un contrato de última hora, James Horner, quien tuvo la ardua tarea de crear una BSO compleja y larga en poquísimas semanas… La partitura de Horner es un pastiche insufrible, un auto-plagio constante de sus peores sonidos, utilizados aquí con una exasperante repetición. Una obra vulgar, constantemente molesta con su aturdidor sonido. Ha hecho perder muchos puntos a la película, y los amantes de la obra maestra compuesta por Yared soñamos con ver un montaje alternativo con su partitura algún día. Pero por ahora ni siquiera se ha editado oficialmente, pues fue el propio autor quien la puso en circulación.

X-Men: La decisión final

Categorías: Cine

 

X-men: The Last Stand, 2006, EE.UU.
Género: Fantasía, Ciencia-Ficción.
Duración: 104 min.
Director: Brett Ratner.
Escritor: Zack Pen, Simon Kinberg.
Actores: Ian McKellen, Patrick Stewart, Hugh Jackman, Halle Berry, Famke Janssen, Anna Paquin, Rebecca Romijn, Shawn Ashmore, Aaron Stanford.
Música: John Powell.

Valoración:
Lo mejor: Los personajes de Magneto, Xavier, Lobezno y las interpretaciones de McKellen, Stewart y Jackman.
Lo peor: El desplazo del resto de personajes en favor de una insípida Tormenta. Escenas de acción vistas y mal rodadas. Cantidad de escenas sobrantes pese a su corta duración.
Mejores momentos: Todos en los que salen Xavier o Magneto, especialmente si están juntos.
El plano: Magneto ante el ajedrez.
La frase: Regenera eso.

Decepcionante este final de una saga que estaba siendo bastante interesante. Todo lo que tenían las otras dos entregas aquí aparece considerablemente mermado, o quizá sea mejor decir estropeado.

Veo dos problemas principales en este último episodio: la falta de una estructura digna para la historia y el desaprovechamiento de los personajes.

Curiosamente, pese a su corta duración (104 minutos, algo sorprendente hoy día) hay una gran cantidad de escenas que no aportan nada y alargan el relato además de desviarlo de un argumento que ya de por sí parece entrar y salir de la película torpemente. El guión no parece tener claro ni la trama ni su desarrollo. Así, la historia de la cura es una excusa que sólo se ha aprovechado para justificar el enfrentamiento, y mientras, Fénix deambula por ahí sin que se sepa muy bien qué pinta en la historia. Los intentos de centrarse en los personajes son toscos, y quedan como simples motivos para sostener una cinta de acción.

Es una lástima que se pierda el tiempo en mostrar la sala de entrenamiento, que no sirve absolutamente para nada, o que se dedique todo el presupuesto a escenas de acción que no sorprenden:
A la propia parte del entrenamiento podemos sumar la ridícula escena del puente, que será impresionante visualmente, pero no hay manera de encajarla en la historia: ¿qué costaba coger un barco? También tenemos una batalla final un tanto hipertrofiada, donde seis mutantes se enfrentan a doscientos (¿y estos no tienen poderes?) y terminan lanzándose coches. Claro que peor es el pique infantiloide que se traen entre manos Pyros y su Némesis, el Hombre de Hielo, una especie de concesión al adolescente descerebrado deseoso de ver el simplón “quién puede más”.

Estas escenas de acción pueden ser algo entretenidas, pero están rodadas de forma muy convencional y abusando del ruido y la cada vez más constante manía de agitar la cámara. Tan sólo algunas cosas curiosas que destacar y que agilizan un clímax vulgar, como la divertida presencia de Kitty Pryde (Gatasombra) atravesando los muros o las siempre agradables chulerías de Lobezno.

Volviendo a los personajes, que son la base del relato, resulta increíble ver cómo están todos desaprovechados, ninguneados, desplazados… sobre todo si la comparamos con las anteriores entregas. Y gran parte de la culpa la tiene Halle Berry con sus exigencias de reescribir el guión para que su papel fuera mayor. Como dice un amigo, no se puede ir de estrella en un reparto coral. El resultado es una sucesión de malas sorpresas que, ojo, pueden ser datos mínimamente reveladores si no la has visto:

-Cíclope tiene un papel de cinco minutos, y su final no tiene garra.
-Tormenta tiene muchos minutos en pantalla pero sin presencia, y su historia es otro topicazo aburrido.
-Jean Grey/Fénix es un Deus Ex Machina que deambula sin rumbo en un argumento que ya de por sí no tiene un horizonte muy definido. Tiene alguna parte buena, como los intentos de Xavier y Magneto de controlarla y ayudarla. Por lo demás, en gran parte del relato está no se sabe ni dónde, haciendo nada. Parece que el guionista tenía miedo de manejar una variable tan problemática, y la deja para algunas secuencias interesantes (las citadas con los maestros) y un final demasiado previsible.
-Lo que más me duele: Pícara está relegada a una secundaria casi sin presencia, tras haber sido más importante en las otras dos entregas, y su personaje llega a la conclusión del relato sin haberse mostrado como la verdadera Pícara: ¿por qué nos han tenido tres películas con una niñata sin los superpoderes que adquiere en los cómics y al final eliminan completamente esta posibilidad o remota esperanza?
-Gámbito, probablemente el mutante más querido y esperado tras Lobezno, finalmente no ha existido en la trilogía.
-Ángel, que se anunciaba como un personaje importante, queda como un recurso tan tópico como molesto (padre e hijo con sus diferencias que se resuelven en el final más típico del cine), que entra y sale del reparto como Fénix, sin razones aparentes (bueno, sirve para presentar la cura, pero de forma redundante).
-Los enemigos vuelven a tener nula presencia más allá de un siempre magnífico Magneto, un cansino Pyros y una Mística con demasiada presencia y poderes, mientras que el resto de los que tienen diálogo son meras anécdotas. Menos mal que le han dado algo de protagonismo a un mutante interesante, Calisto. Otro aspecto negativo es que misteriosamente se ha decidido que toda la pandilla que los siguen tengan claramente la apariencia de escoria de la sociedad: maleantes, macarrillas, todos vestidos de negro, con tatuajes, piercings, peinados estrambóticos (en algunos momentos parece imitar el look de vestuario de cuero oscuro de Matrix)… En cambio, los buenos viven en casitas relucientes y van al pijo colegio de Xavier. Es curioso que por un lado la película parezca una extensión del cómic a la hora de defender igualdades pese a las diferencias y luego utilicen esta distinción tan tópica para describir los bandos. Mucha falta de tacto.
-Xavier… Sin revelar nada, decir que la historia de este personaje no se explica hasta el final de la película… pero en una secuencia escondida tras los créditos. Una escena interesante, bien encajada en la historia, pero casi parece una broma su ubicación en el montaje.

Siguiendo por la línea de la tolerancia e igualdad, la presencia de la cura podría haber dado lugar a interesantes dilemas morales, pero mientras por un lado es mera excusa para lanzar el ataque de Magneto (al ser usada como arma contra mutantes), por el otro hay diálogos infames donde se defiende que los mutantes no están enfermos, no necesitan cura, y el ser un monstruo no debe significar ningún problema, mientras una pobre muchacha como Pícara no puede tener contacto físico con nadie (y es un caso entre cientos de mutantes con dificultades).

Quizá parece que estoy crucificando demasiado la película, porque esperaba mucho de ella. Como cinta de acción se deja ver, y salvo algún bache, es la típica producción veraniega con abusos de EFX sobre la historia y construida sobre algunos tópicos. Se deja ver y puede resultar entretenida, pero es un producto que no llega al aprobado.

26-05-06

Capercaillie

Categorías: Música, Capercaillie

Capercaillie (el nombre de una especie de urogallo del norte y noreste de Europa) es un veterano grupo escocés de los más conocidos y renombrados del panorama celta, y ha sido probablemente el único en meter canciones cantadas en gaélico en las listas de ventas y en haberse llevado varios discos de Platino, algo muy raro teniendo en cuenta los orígenes folk de la banda. Es estilo de Capercaillie es muy peculiar, tanto que incluso en los discos puramente tradicionales es reconocible. Su sonido característico es una evolución de la música celta hacia ritmos más modernos, llegando a ser música pop-celta a partir del ecuador de su carrera, es decir, temas no muy complejos con una estructura pegadiza y estribillos, con instrumentación y arreglos modernos complementando a los elementos tradicionales. Tras un par de discos por esta línea, además de versionar temas tradicionales empezaron a crear composiciones propias, siendo esto cada vez más habitual. Sin duda, lo más reconocible de Capercaillie es la sublime voz de Karen Matheson, pero la calidad del grupo a la hora de interpretar los temas, exprimir las notas hasta sacar la mayor belleza posible y la enorme habilidad para crear canciones originales y muy buenas, cuidadas hasta el último detalle, también son motivo de una profunda admiración.

Al igual que muchos grupos celtas, Capercaillie nació de la evolución de otro grupo y creció con la unión de artistas de otras muchas bandas. El precursor de Capercaillie fue The Etives, creado por Karen Matheson y Donald Shaw, probablemente en sus años de instituto, allá por 1981. Capercaillie nació en 1983 de la mano de Karen Matheson, Donald Shaw y Marc Duff. Todos vienen de familias con una amplísima tradición musical, y desde los inicios del grupo demuestran que tienen sobrada experiencia al respecto. La mayor parte de los temas tradicionales (los primeros discos) los aportaban de sus conocimientos, y Karen domina con soltura el gaélico, idioma predominante junto al inglés en sus temas.

Capercaillie es uno de esos grupos por donde tarde o temprano pasan, temporal o indefinidamente, músicos de altísimo renombre en el mundo celta, como Charlie McKerron, Michael McGoldrick, los hermanos Lunny,… Si no todos, prácticamente todos ellos han alternado Capercaillie con otros trabajos y otros grupos, muchas veces colaborando entre sí. Y todos han sido y son vitales para la existencia y calidad de la banda.

Su primer disco, pagado de su bolsillo y grabado en un par de días, fue Cascade (bajo el sello Etive en 1984), una obra de temas tradicionales creada sin ambición alguna, por amor al arte y por practicar. No estuvieron muy contentos con el resultado, del que sólo aprecian dos o tres temas, pero la verdad es que es un trabajo de música tradicional interesante por la belleza de algunos temas.

En 1987 editan Crosswinds con un recién unido Michael McGoldrick. Le siguió Sidewaulk en 1989 (producido nada más y nada menos que por Donald Lunny), siendo como el anterior de corte tradicional y editado por Green Linnet, famosa discográfica celta. La mayoría de los demás los sacaron bajo el sello de Survival. Pero entre estos dos trabajos se unieron dos componentes nuevos, Manus Lunny y John Saich, y crearon la Banda Sonora de una serie de tres documentales sobre la historia celta: The Blood Is Strong. Éste disco fue un exitazo de ventas teniendo en cuenta la categoría folk del grupo: 60.000 copias en Gran Bretaña. Sean Connery, narrador en el último de los documentales, aportó una frase con la que muchos medios definen con frecuencia a Capercaillie: la garganta de Karen Matheson ha sido tocada por la mano de Dios.

En 1991 publican Delirium, que fue un éxito de ventas aún mayor, el primer gran éxito de la banda (100.000 copias en Gran Bretaña), y también estaba producido por Donald Lunny, hermano de Manus Lunny. El trabajo por primera vez se aleja del sonido exclusivamente tradicional: los temas son modelados con arreglos y tecnologías modernas (sintetizadores, batería, bajo eléctrico), creando un estilo propio, una versión pop de la música celta escocesa con sonidos muy ricos, bien grabados e interpretados… A partir de aquí podemos considerar que Capercaillie está en su punto álgido: el resto de discos, exceptuando algún bache, se mantienen en esta línea de calidad, y además cada trabajo tiene su propio sonido a pesar de estar dentro de la misma línea instrumental.

En 1992 asustaron a los fans con un disco que apenas aportada nada nuevo: Get Out. Una apuesta comercial compuesta de temas viejos pero algo variados y algunos directos. En 1993 volvieron a deslumbrar con Secret People, con una calidad de sonido exquisita, de ahí que les saliera muy cara la producción. Curiosamente, en 1999 una reedición de Get Out aportó cinco temas originales, más en la línea de Delirium que de Secret People.

En 1995-1996 trabajaron en dos proyectos a la vez. Mientras realizaban temas para la Banda Sonora de la película Rob Roy (el resto de la partitura recayó en Carter Burwell), en la que Karen Matheson realiza una breve aparición cantando en gaélico durante una fiesta, cada componente trabajaba en su parte correspondiente del próximo disco. To The Moon fue el primero en incluir temas exclusivamente compuestos por ellos, dejando solamente dos de origen tradicional; además, fue producido la banda.

Para su siguiente proyecto se mudaron a Ronda, en la serranía andaluza. Con la colaboración de las insoportables Hijas del Sol realizaron un trabajo con el que están muy contentos, llamado Beautiful Wasteland, pero yo considero que no es de los de alto nivel de su carrera (quizás simplemente fueran los comentarios habituales para venderlo). Conseguí grabar un concierto que dieron presentando el disco en los Conciertos de Radio 3 de La2; lástima que por un desliz, al grabar otra cosa, lo borré, pues sin duda merecía la pena y es rarísimo encontrar videos de estos grupos.

En 1998 se publicó un disco que habían realizado anteriormente, una Banda Sonora para un programa de la BBC que consistía en piezas tradicionales, Glenfinnan. Le siguió un gran bache, un disco preocupantemente mediocre (hasta ellos lo afirman) llamado Nàdurra. Quizá andaban escasos de dinero.

Pero, aunque temía que Capercaillie estaba ya envejeciendo, volvió a sorprender con otro disco de gran frescura, exquisita factura y temas de enorme calidad: Choice Languaje, en 2003. Quedó claro que tanto la calidad del grupo como la voz de Karen prometen durar unos cuantos años más.

En cuanto a recopilatorios, a parte de que Get Out es en gran parte uno, tenemos Capercaillie, editado en 1994 y que incluye variaciones de algunos temas. Waulkroots, una edición de 2001 bastante desconocida y difícil de encontrar; de hecho, está presente en poquísimas discografías que hay por Internet del grupo. Un recopilatorio muy recomendable para conocer el grupo por ser muy completo, con temas elegidos por la propia banda, es Dusk Till Dawn: The Best of Capercaillie, que salió a la venta en 1998 con una de las portadas más bellas que he visto.

En 2002 se editó un directo, Live in Concert, y lo último que hay publicado es una completa recopilación de dos discos, Grace and Pride – The Anthology 2004-1984, siendo más completo que Dusk Till Dawn. Para un primer acercamiento al grupo resulta muy recomendable cualquier edición de este tipo.

COMPONENTES
Los miembros más importantes que han estado o están en la banda (ampliar foto para ver quién es quién):

Karen Matheson: vocalista.
Donald Shaw: acordeón y teclados
Marc Duff: flautas, bodhran, flauta irlandesa (silbato o whistle)
Charlie McKerron: violín
Manus Lunny: guitarra, bouzuki
Michael McGoldrick: gaita irlandesa, flauta, flauta irlandesa (silbato o whistle)
John Saich: bajo
Ewen Vernal: bajo
Davir Robertson: percusiones

 

DISCOGRAFÍA Cada disco tendrá su enlace a su crítica cuando esté disponible. En los trabajos de los componentes fuera de Capercaillie podría hacerse una lista larguísima teniendo en cuenta las innumerables colaboraciones que realizan estos artistas. Cabría destacar sin embargo que algunas que han realizado entre sí: miembros del propio Capercaillie se han juntado en muchas ocasiones en otros trabajos. Me limitaré a destacar estos y otros importantes o más conocidos.
-> Capercaillie:
- Cascade, 1984.
- Crosswinds, 1987.
- The Blood is Strong, 1988.
- Sidewaulk, 1989.
- Delirium, 1991.
- Secret People, 1993.
- To The Moon, 1995.
- Beautiful Wasteland, 1997.
- Get Out, 1999 (semi-recopilatorio, en esta segunda edición con cinco temas nuevos).
- Glenfinnan (Songs of the ‘45), 1998, grabado en 1995.
- Nàdurra, 2000.
- Live in Concert, 2002.
- Choice Languaje, 2003.
-> Recopilatorios Capercaillie:
- Get Out, 1992. Con variaciones de temas.
- Capercaillie, 1994.
- Dusk Till Dawn, The Best of Capercaillie, 1998. Selección realizada por el grupo, incluye tres versiones de temas y un directo.
- Waulkroots, 2002.
- Grace and Pride – The Anthology 2004-1984, 2004, dos discos con 38 temas.
-> Karen Matheson:
Aunque los discos están editados como trabajos en solitario, prácticamente todo Capercaillie colabora.
- The Dreaming Sea, 1996.
- Time to Fall, 2002.
- Downriver, 2005.
-> The Etives:
El grupo anterior a Capercaillie, formado por Karen Matheson y Donald Shaw.
- A Breath of Fresh Air, 1981.
- An Gaol a Thug Mi Òg, 1983.
-> Héritage des Celtes:
Grupo creado por Dan Ar Braz, un guitarrista bretón, para el Festival de Cornouaille en Quimper en 1992. Reunió a músicos de la talla de Karen Matheson, Donald Lunny, Alan Stivell y muchísimos más. Adquirió bastante fama, vendió bastante (100.000 copias) y representó a Francia en Eurovisión en 1996.
- L’Heritages des Celtes, 1995.
- Live, 1997.
- Finisterres, 1997.
- Zenith, 2001.
-> Michael McGoldrick:
McGoldrick ha creado y colaborado en multitud de bandas, siendo las más destacables Capercaillie, a la que se unió en 1997, Lúnasa, Afro Celt Sound System y la banda de Kate Rusby. Tiene varios discos en solitario, donde colaboran músicos de la talla de John McSherry (Lúnasa):
- Morning Glory, 1996.
- Fused, 2000.
- At First Light, 2001. Con John McSherry.
- Wired, 2005.

22-05-06

Syriana

Categorías: Cine

 

Syriana, 2005, EE.UU.
Género: Drama.
Duración: 126 min.
Director: Stephen Gaghan.
Escritor: Stephen Gaghan.
Actores: George Clooney, Matt Damon, Christopher Plummer, Alexander Siddig.
Música: Alexander Desplat.

Valoración:
Lo mejor: Resulta una buena crítica.
Lo peor: La enorme frialdad del relato y sus personajes, que resulta muy poco atractivo para el espectador: es una película muy aburrida.
Mejores momentos: Bob Barnes conduciendo el jeep por el desierto a la vez que los espías americanos observan desde el satélite.
El título: Syriana es el nombre que las petroleras le dan al país ficticio e ideal que resultaría de unir algunos países productores de petróleo: Siria, Líbano, Palestina…
La frase: Y le daré otros cien millones por el otro niño.

Syriana es muy parecida a Traffic (Steven Soderberg, 2000) en concepción y acabado, pero resulta incluso más aburrida que aquella buena pero soporífera producción. Es una crítica a un mal de las sociedades modernas a la que el guión se acerca desde varios frentes guiado por personajes de distinta índole social y económica; la forma de rodar es con la cámara en mano, en un modo contemplativo casi documental, y con un uso cuidado del color para cada ubicación (en este caso más natural).

Si en Traffic eran las drogas, en Syriana el mal que el guión analiza y critica es la globalización y dependencia del petróleo, elemento que resulta la razón final de guerras enmascaradas entre países, políticos y familias, preciado tesoro que aspiran a codiciar gobiernos y empresas de alto nivel adquisitivo a costa de empobrecer aún más a los lugares donde se haya dicho material. Cómo no, la lista de ladrones la encabeza Estados Unidos y alguna de sus grandes empresas (ficticias en la película, supongo).

Ese aspecto está bien conseguido, mostrando un amplio mosaico de distintos personajes, lugares, organizaciones y situaciones. La aproximación al tema, inspirada en sucesos actuales, es ficticia pero muy realista. Pero la descripción de cada personaje es notablemente superficial, limitada a ubicar al carácter en una sociedad pero olvidando darle profundidad psicológica. Así pues, ninguno resulta especialmente interesante, sus peripecias no terminan de interesar y es difícil conectar con alguno. En algunos momentos las situaciones en las que se ven envueltos resultan forzadas para intentar dar un toque de emotividad al asunto, pero ni muertes ni torturas ofrecen algo con lo que captar la atención del espectador.

Nombres de peso como Matt Damon o George Clooney, galardonado misteriosamente con un Oscar (apenas tiene presencia en pantalla, más allá de sus kilos extras; está mucho mejor en Solaris), no pueden hacer sombra a Alexander Siddig, quien confecciona muy bien un personaje con buenas ambiciones pero atormentado por el mal que hay a su alrededor; es el mejor del reparto. Otras presencias, desconocidas o no, pasan casi desapercibidas por sus esporádicas y carentes de fuerza apariciones.

En cuanto a la trama, bastante compleja y difícil de seguir, intenta abarcar todas las posibles variantes dentro del argumento principal, generando un exceso de información que en pocas ocasiones parece llevar a alguna parte. Múltiples subtramas se entrecruzan sin captar la atención, en algunos instantes sin saber exactamente qué está pasando o cuál es la intención de lo que se relata, con lo que el aburrimiento hace mella constantemente durante la proyección. El final, si es que puede llamarse así, aparece difuso.

Aparte de un interesante mensaje crítico la sensación es de haber echado dos horas en un producto bien intencionado, con una buena base, pero cuyo resultado es insípido.

21-05-06

Misión Imposible III

Categorías: Cine

 

Mission: Impossible III, 2006, EE.UU.
Género: Acción.
Duración: 126 min.
Director: J. J. Abrams.
Escritor: J. J. Abrams.
Productores: Tom Cruise, Paula Wagner.
Actores: Tom Cruise, Ving Rhames, Keri Russel, Philip Seymour Hoffman, Lawrence Fishburne.
Música: Michael Giacchino.

Valoración:
Lo mejor: La puesta en escena de Abrams en las escenas de acción; el ritmo incansable. Philip Seymour Hoffman y su personaje.
Lo peor: La pesada campaña publicitaria y el pesado de Tom Cruise. Una dirección un poco agobiante en algunos momentos con tanto primer plano.
Mejores momentos: La secuencia del puente. El interrogatorio de Ethan a Davian. Ethan y Lindsey mano a mano contra los enemigos.
El plano: La aparición del helicóptero repleto de hombres fuertemente armados en el puente.
La frase: ¿Quién eres? ¿Tienes esposa? ¿Novia? Quienquiera que sea, la encontraré. La torturaré. Y luego te mataré frente a ella.

Podéis leer la crítica completa en Fantasymundo, donde ahondo más en detalles, sobre todo comparando la película con al serie Alias.

Abrams lo ha conseguido. No ha llegado al nivel del estupendo e ininteligible thriller de Brian de Palma, cosa que evidentemente no se pretendía, pero sí ha creado un film de acción de buena factura y, lo que es más importante, de entretenimiento de alto nivel casi sin fisuras. Y por supuesto, infinitamente superior al inefable subproducto creado por John Woo, quien con la segunda entrega construyó un mosaico de absurdos hasta el punto de crear una de las peores películas que jamás han mancillado una sala de proyección.

Si bien las necesidades del guión no era muy exigentes, Abrams ha saldado con buen hacer un problema constante en las películas de acción: la falta de una historia decentilla y medianamente sólida y unos personajes mínimamente humanos. Ha sabido profundizar en el héroe Ethan Hunt construyendo a su alrededor una vida que, aun siendo muy tópica y sencilla (la típica esposa que termina en peligro), enriquece al personaje otorgándole mayores horizontes que el actuar por actuar. Igualmente, Ethan conecta con sus compañeros de trabajo de forma amistosa, alejándose de la frialdad con que trataba Brian de Palma a los personajes. De todas formas, no se buscaba mayor profundidad en un carácter que no la requiere más allá de conectar con el público, de no resultar un Terminator, y más teniendo en cuenta que debía ser construido a la medida de Tom Cruise. De hecho, uno no ve en pantalla a Ethan Hunt, ve siempre a Tom Cruise… y es algo que le pasa en todas las películas en las que participa desde hace bastantes años, incluso en las de mayor calidad, como El último Samurai.

Otro aspecto de la escritura que está bien saldado es la búsqueda constante de situaciones complicadas y espectaculares entremezcladas con las dosis necesarias de explicaciones del argumento (que no es tan confuso como en la primera entrega) y la vida familiar. Obviando las escenas tópicas e inverosímiles habituales, como la esposa convirtiéndose en heroína implacable y sin apenas sorprenderse de nada de lo que ocurre, siempre sonriente, alguna cosilla un poco forzada como la fuga de Ethan del FIM, el traidor de la organización y unos artefactos tecnológicos fantasiosos, algunos deslices como que a veces se olvida de dónde están los demás miembros del equipo de Ethan, etc., estamos ante un guión que cumple perfectamente con su función de película de acción de alto (altísimo) presupuesto.

Cabría destacar también el personaje de Phyllip Seymour Hoffman, Owen Davian, un archienemigo que resulta tan intrigante como temible, especialmente cuando tratan de rescatarlo sus hombres. El duelo entre el héroe y el enemigo durante toda la proyección es de lo mejor del filme.

En la labor de dirección Abrams ha estado muy sorprendente, aunque no perfecto. En los momentos más sosegados ha pecado de abusar de los primeros planos, obteniendo un encuadre demasiado cerrado, agobiante. En algunas conversaciones sí era necesario limitar todo efectismo al cara a cara de los protagonistas, pero en gran parte de ellas no, y en un film de acción es necesario más amplitud, mayor grandiosidad. Por ejemplo, todas las tomas dentro del FIM resultan enlatadas. No vemos nada del escenario con esos planos tan limitados. Dudo que la intención fuera mantener la intriga de cómo es y funciona el lugar de trabajo, y aunque así lo fuera el resultado no es bueno.

Es en las escenas de acción donde se suelta, donde deslumbra con una forma de rodar puramente artesanal, huyendo de las hoy día excesivas digitalizaciones, lo cual es muy de agradecer. El ritmo de la película no decae en ningún instante y en las escenas clave alcanza cotas de un efectismo impresionante. Secuencias como la del puente no sólo resultan algunos de los momentos más espectaculares del cine de acción de los últimos años, sino que mantienen la tensión en vilo durante varios minutos, llegando a sorprender por lo que ocurre y por la resolución de la situación. Y eso hoy día, en un cine que se olvida de contar algo, de buscar levantar sensaciones en el espectador, que se inclina por el camino fácil de meter muchos efectos digitales y sonoros y acelerar mucho las cosas que pasan, es muy, muy, muy de agradecer.

Estas escenas de acción resultan algo inverosímiles pero dentro de unos límites. No estamos ante las humanamente creíbles peripecias que sortea Jason Bourne, pero tampoco ante las increíbles fantasías por las que hacen pasar al imperturbable James Bond o, por citar otra de acción reciente, las totalmente increíbles secuencias de La Isla. Digamos que estamos más ante algo de Ciencia-Ficción, que podría ser creíble o lo intenta, que frente a algo de pura fantasía. Y cabe decir que las armas se quedan sin munición, Ethan suda, se lleva buenos golpes (diría que sufre casi tanto como Jack BauerKiefer Sutherland- en 24, aunque muere menos veces) y las pasa canutas, incluso contagiando al espectador con sus dificultades.

La labor de los actores no suele ser destacable en productos de este género, pero uno de la talla de Philip Seymour Hoffman lo hace en casi cualquier papel, y aquí desarrolla una interpretación seria, inquietante y a veces terrorífica muy conseguida. Cabe citar también la breve pero efectiva labor de Keri Russell como Lindsey.

El uso del sonido es muy bueno, enfatizando gracias a él más que correctamente las escenas de combate y acción. En cuanto a la Banda Sonora Original, creada por otro miembro del equipo de Abrams, Michael Giacchino, estoy algo decepcionado. El autor ha demostrado gran desenvoltura y buen hacer en las producciones televisivas, hasta el punto de que la partitura creada para Perdidos despunta como una de las mejores creaciones del género para TV. Pero en este filme no ha estado apenas inspirado, y siendo un trabajo tan similar a Alias es extraño. La música que ha creado es bastante apta, no es estruendosa, ni abultada, ni caótica, sí trepidante sin descanso, pero aun dentro del modelo de melodías típicas de espionajes que ha elegido resulta poco atractiva, casi carente de entidad, monótona. El trabajo de Elfman fue más interesante, y el de Zimmer para la segunda entrega un pestiño, vulgarmente hablando.

Aunque esta saga está siendo irregular, podría centrarme en esta última parte y hacer comparaciones con otras de espionaje-acción recientes: Es muy superior a las repetitivas y vulgarmente exageradas películas de James Bond protagonizadas por Pierce no-me-despeino-Brosnan, pero menos buena que las interesantísimas dos entregas de Jason Bourne interpretadas por Matt Damon (sobre todo la segunda parte, un filme de acción magnífico).

El resultado, una película palomitera de las de agarrarse al asiento constantemente. Un entretenimiento más que digno. Un trabajo que ha servido como eficaz lanzamiento de un muy prometedor artista, J.J. Abrams, a la gran pantalla. Para pasar dos horas emocionantes es altamente recomendable.

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